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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Mamandurrias PSOE

Con los sarcasmos de Óscar Puente y los relatos elaborados en Moncloa no se responde a los jueces

Hemos sabido gracias al inefable Koldo y a su señorito y tío de incontables sobrinas, que el partido que está gobernando España funcionaba con un sistema irregular de dinero en efectivo que entraba en un furgón bancario y salía en sobres directamente al bolsillo progresista y social de sus dirigentes. En el país donde a cualquiera que sea contratado por una empresa se le exige tener una cuenta corriente, el mismo en el que su Hacienda pública prohíbe taxativamente cualquier pago a sus arcas en moneda contante y sonante, resulta que la formación que más poder acumula, y que vendía la necesidad de acabar con el cash, satisfacía los gastos de sus capitostes en billetes de diferentes colores, como si fuera la casa de tócame Roque.

Así que dos días después de que el exgerente socialista y una secretaria de Ferraz constataran ante el Supremo el descontrol de los gastos, el juez Leopoldo Puente ha firmado un auto de enorme trascendencia, en el que pide a la Audiencia Nacional que no pase por alto esta praxis porque no descarta que esconda un delito de blanqueo o financiación ilegal. Resulta que aquellos que prometieron limpiar la escena pública de corruptos y regenerar el sistema, disponían de dinero en metálico cuya procedencia no han podido justificar, pasta con la que se abonaban gastos a todo quisque, incluido a Koldo, que no tenía ningún cargo orgánico. El portero de clubes llegaba allí y recogía el parné para la devolución de gastos de Ábalos -no se sabe si también incluía el coste de su repleto carné de baile- y, cuando no podía ir en persona, mandaba a su mujer. El propio Pedro Sánchez, con coche oficial de líder socialista, también recibió esos abonos por desplazamientos, según ha confirmado él mismo en el Senado. Dice que los percibió, cree que hace mucho, pero no sabe cuándo ni cuánto. Tanta memoria democrática y no recuerda algo que pasó hace pocos años. La memoria sanchista es muy selectiva.

No solo al magistrado, sino a cualquier ciudadano con dos dedos de frente, chirría este opaco sistema de compensaciones, que invita a pensar que alguien encubría dinero procedente de actividades delictivas. Hay varios empresarios implicados que hablan de comisiones ilegales y bolsas en efectivo que fueron depositando en Ferraz.

Se desconoce si eran bolsas de basura negras como las de Julián Muñoz y Maite Zaldívar o reciclables, como exige la agenda 2030. Se da la circunstancia de que los años que se investigan coinciden con las mordidas de Ábalos, Santos y cía., al calor del poder que les otorgaba Sánchez. Lástima que todo ocurriera antes de usar esas nuevas gafas vintage de Dior; tengo para mí que quizá con ellas hubiera podido corregir el ojo clínico que tiene para elegir colaboradores.

El objetivo del presidente ha sido siempre encapsular la corrupción en los garbanzos negros del partido. Pero ya no le cree nadie, sobre todo desde que respondió con evasivas en la Cámara Alta a la pregunta de si el exgerente le había alertado sobre los excesivos gastos de su ministro de Transportes. Por no recordar, no recordaba ni en qué planta tiene el despacho el tesorero de Ferraz. Debe ser una carencia espacial que le viene de familia. Tampoco su hermano David sabía dónde estaba la sede del Departamento que dirigía. Es que a veces los investigadores se ponen de un exquisito…

Así que el asunto ya no es una mera sospecha. Que haya escalado a la Audiencia Nacional, no trae buenas noticias para el PSOE. Ahora la investigación tendrá primero que determinar si hay o no caja B, pero además si los dirigentes socialistas -los que nos daban tantas lecciones de limpieza democrática- lo sabían y lo consintieron. Es difícil imaginar que alguien como Pedro Sánchez, que siempre se ha parapetado de leales y próximos que le blindaran, fuera desconocedor de los manejos.

Con los sarcasmos de Óscar Puente y los relatos elaborados en Moncloa no se responde a los jueces. Cada vez es más patente que el PSOE, al calor de la falta de moral de su líder, confundió lo público con lo privado; si da igual decir que vas a traer a Puigdemont de las orejas y tiempo después le alfombras la vuelta -por el momento sin éxito- con una ley para evitarle la cárcel, por qué alguien iba a pensar en el entorno del presidente que robar está mal. Como estaban en el lado bueno de la historia, en la arcadia feliz del progresismo, ocupados en cancelar a los que no tragan con su ideología y construyendo muros, se distrajeron y olvidaron ese mecanismo tan sencillo que consiste en ordenar una transferencia bancaria para pagar un taxi o una comida a sus dirigentes. Eso hacemos los que no tenemos mamandurrias.

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