Fundado en 1910

Mientras la afición se entretiene preparando la operación uvas, langostinos y espumoso, en la psicodélica política española siguen dándose situaciones insólitas. Al divo y a la cuádruple imputada se los ha tragado la tierra –para descanso general– y no sabemos siquiera dónde pasa los quince días de asueto que se ha regalado por lo que denomina de manera hortera «las fiestas». Pero aun así, la apisonadora para aplatanar la democracia no descansa.

El inefable Pravda dio el aviso a primera hora con este alucinante titular en su portada: «Sánchez reclama a sus ministros medidas que no dependan del Congreso». La información explicaba que «muy consciente de la debilidad parlamentaria del Gobierno», el líder supremo ha pedido a cada ministro «tres o cuatro medidas de carácter social» que el Ejecutivo pueda aprobar sin pasar por el Congreso.

A la hora del desayuno, la nueva ministra portavoz, la navarra Elma Saiz, de la ilustre y honrada cuadra de Santos Cerdán, celebraba en la radio pravdiana esta nueva y flamante estrategia de fumarse al Parlamento: «Hay muchas cuestiones para mejorar la vida de la gente que no necesitan un rango de ley».

Es decir, podríamos cerrar mañana mismo el Congreso y quedarnos tan anchos, porque en la democracia sanchista se puede okupar el Gobierno sin mayoría parlamentaria, sin llevar las normas a la Cámara, sin Presupuestos y con un carro de estiércol atufando el partido, la Moncloa y hasta la propia familia del presidente.

Un mandatario que pide a sus ministros que se salten el Parlamento y promuevan reformas a sus espaldas muestra una clara vocación de sátrapa. En una democracia de verdad, a estas horas se habría suscitado una enorme polvareda ante el anuncio de que se gobernará sorteando al Congreso. Aquí la mayor parte de la sociedad ni se ha enterado y el líder de la oposición ni siquiera hizo referencia a este delirio en su balance anual de ayer.

Mientras Sánchez patea sin inmutarse las bases de nuestro modelo de derechos y libertades, sus televisiones están entregadas a una nueva consigna: el culpable de los muertos de la dana es ahora… ¡Feijóo! Lo cual evidencia lo iluso que fue el PP al suponer que entregando la cabeza de Mazón calmarían la campaña de la izquierda. La ministra Morant ya ha exigido la dimisión inmediata de Feijóo por ser el responsable de la gota fría de Valencia.

La izquierda española está fuera de control y no conoce barrera alguna. Pero no hemos sabido frenarla. Aprobaron los indultos y la amnistía, ¿y qué pasó? Nada. Sánchez se ha aliado con el partido de ETA, ¿y qué pasó? Nada. Trincaron a su fiscal general en un caso de guerra sucia política que le ha costado la condena del Supremo, ¿y qué pasó? Nada. El presidente detrajo 2.300 millones del dinero de todos nosotros para someter a Telefónica a su bota y nacionalizarla en plan chavista, ¿y qué pasó? Nada.

Vivimos en una suerte de satrapía, con un gobernante que no gobierna y que ni siquiera gana las elecciones, disfrazada con los ropajes de una monarquía parlamentaria convencional. Pero buena parte del gran público vive en la ignorancia, porque las televisiones del régimen los tienen muy entretenidos con Franco, que está más activo que nunca; con Adolfo Suárez, ahora un acosador; con Ayuso, que ha eliminado la sanidad pública y ha provocado un holocausto en las residencias; y con la dana, que como todo el mundo sabe fue provocada por el peligroso ultra Núñez Feijóo.