Fundado en 1910
Pecados capitalesMayte Alcaraz

Puente y la cueva de Alí 'Bábalos'

Porque en ese Ministerio de Fomento lo que había eran personas preparadas y con altura de miras. Hoy, gracias a Sánchez, es solo un apeadero de amiguetes. Pues allí es donde se toman las decisiones que evitarían catástrofes como la que hoy lloramos

Dirá Óscar Puente que hay que bajar el suflé de la indignación de los maquinistas, que a él que le registren, que no se ha cambiado de ropa en los últimos días de tanto como trabaja, y no va a cambiar de chaqueta ahora, que no es cosa del mantenimiento, que las inversiones son las correctas, que si el bogie, que si la rodadura, que si las muescas. Pero el ministerio que dirige no ha sido precisamente (y no parece que haya mejorado nada) el departamento riguroso y técnico que merecerían los españoles, sobre el que recae las infraestructuras de transporte de la cuarta economía de la Unión Europea y la seguridad de millones de ciudadanos, amén de nuestra reputación turística. Tanto no lo ha sido que, con los informes de la UCO en la mano, el Ministerio de Fomento fue de 2018 a 2021 (como poco) la cueva de Alí 'Bábalos'. Y llegó Puente, hizo una auditoría manifiestamente mejorable, y pelillos a la mar. Lo sabían los funcionarios que trabajaban allí, lo sabían las empresas adjudicatarias (alguna de ellas cómplices y beneficiadas en el trasiego de dinero público) y lo sabía Pedro Sánchez, que no hizo nada porque resulta que 'Bábalos' era el copiloto del Peugeot que le había llevado al poder.

Adif, la empresa pública encargada de la gestión de las infraestructuras ferroviarias, era la finca particular del ministro Ábalos; una suerte de agencia de colocación donde lo de menos era la gestión (para ser exactos, era el centro de operaciones de un catálogo de señoritas de compañía). En la empresa dependiente de Transportes –Ineco– enchufó entre marzo de 2019 y septiembre de 2021 el exministro a su 'sobrina' Jesica Rodríguez, que terminó confesando ante el Supremo que ni iba a trabajar ni se la esperaba. Que un día abrió el ordenador para hacer un curso de riesgos laborales y nunca más y que no pisó las oficinas ni en sueños. El hoy 'institucional' Puente llegó a disculpar la «singular» contratación porque lo que cobraba la tal Jesica –algo más de 1.000 euros mensuales–, tampoco era tan goloso para que hubiera miles de personas demandando un puesto público como ese. Tanto el Alto Tribunal como la Audiencia Nacional investigan, entre otras cosas, por ese casting a la presidenta de Adif entre junio de 2018 y julio de 2021, Isabel Pardo de Vera.

Uno de esos audios sitúa a Pardo de Vera como conocedora de amaños en adjudicaciones de obras públicas de hasta 620.000 euros. Hay seis contratos de obras ferroviarias que los agentes estudiarán al detalle para ver si hubo incumplimientos de la legislación. «Por el sur» había que adjudicar, según una de las conversaciones interceptadas. Vamos a ver ahora si «por el sur» no entraba la renovación del tramo de Córdoba en el que han perdido la vida por el momento 45 personas.

La responsabilidad del Gobierno es manifiesta, más allá de que la justicia tendrá que determinar el hilo directo entre el siniestro de Córdoba y la negligencia, inacción o directamente dolo de un puñado de gestores públicos, Puente entre ellos. Pero que una parte sustancial del Ejecutivo, el Departamento de más gasto e inversión del Estado, fuera un auténtico botín para sus cargos es una losa que no va a poder levantar jamás Pedro Sánchez y no ayuda a que la confianza se restituya. Es más: el presidente y su ministro no tienen ya ningún crédito. Nadie se fía de ellos. Ni las víctimas, que todavía esperan una llamada y no los codazos de María Jesús Montero para pillar foto junta a la Reina.

Que Koldo fuera consejero de Renfe Mercancías, cuando las únicas mercancías que conocía era las que adquiría, según su exquisita educación en valores, por WhatsApp para deleite de su jefe, es un ejemplo claro de la degradación institucional. Hace 34 años, el AVE se hizo también por políticos con el concurso de los mejores técnicos en ingeniería civil, una rama en la que España era puntera. Porque en ese Ministerio de Fomento lo que había eran personas preparadas y con altura de miras. Hoy, gracias a Sánchez, es solo un apeadero de amiguetes: en los Consejos de Administración de las empresas-chiringuitos de Transportes solo hay enchufados de cuarta división ganándose una soldada por calentar el asiento. Pues allí es donde se toman las decisiones que evitarían catástrofes como la que hoy lloramos.