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HorizonteRamón Pérez-Maura

Denigrar el Valle de los Caídos

Este gobierno ya hizo el ridículo cambiando la advocación de los Caídos –nombre que invita a la reconciliación– por el de Cuelgamuros, que algún iletrado debió creer que era una ubicación geográfica neutra y como se sabe hace referencia, políticamente correcta, a lo que fue Cuelgamoros

Yo ya no sé por qué me sorprendo de casi nada. El Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana estudió un proyecto para la llamada «resignificación del Valle de Cuelgamuros» –es decir, la profanación del Valle de los Caídos– que según ha publicado The Objective consistía en una estatua de 183 metros de altura. Baste el dato de que la estatua de la Libertad de Nueva York tiene 93 metros. A diferencia de la inmensa escultura que regalaron los franceses a los norteamericanos, revestida por una túnica y proclamando la libertad con toda elegancia, algunos pretendían resignificar el Valle con una inmensa estatua masculina luciendo un falo flácido de varios metros de longitud (como es lógico para guardar la proporción con los 183 metros de estatura).

La estatua luce en su brazo izquierdo una bandera arcoiris y dibujados sobre el torso imágenes de Lola Flores, Gertrudis Gómez, Rosalía de Castro, Elvira Lindo y Emilia Pardo Bazán. En el caso de esta última sin duda dan mucho peso a que se la consideraba una mujer «liberada» por sus amores con los republicanos Blasco Ibáñez y Benito Pérez Galdós. Pero con toda certeza ignoran que la izquierda de su tiempo la despreciaba por ser creyente y practicante y, lo que es peor, porque en 1908 Alfonso XIII la creó condesa de su apellido. Intolerable. Si se entera que le quieren poner a la puerta de una basílica pontificia sobre un cuerpo desnudo se revolvería en su tumba.

Hay que reconocer que la tenida masónica que nos gobierna no ha mostrado el valor necesario para plantar ese adefesio a la entrada de la basílica. Sospecho que no les habrán faltado ganas, pero sin duda hubiera sido un escándalo que hubiese trascendido nuestras fronteras. Porque el respeto a la fe que cada uno tenga a bien practicar es una norma de civilización casi universal. Finalmente, se escogió la propuesta La base y la cruz, que cuenta con un vestíbulo circular de 40 metros de diámetro desde el que se accede a la basílica y elimina la tradicional escalinata de acceso. Estos iluminados consideraron que las escaleras tenían connotaciones franquistas. ¿Cómo serán las escaleras no franquistas? Casualmente, el presupuesto aprobado para este proyecto es el mismo que valía la estatua desnuda: 26 millones de euros. Pero en este caso es ampliable a 30. Estamos sobrados.

En el caso del Valle, este gobierno ya hizo el ridículo cambiando la advocación de los Caídos –nombre que invita a la reconciliación– por el de Cuelgamuros, que algún iletrado debió creer que era una ubicación geográfica neutra y como se sabe hace referencia, políticamente correcta, a lo que fue Cuelgamoros. Es lo que tienen estos progres desnortados. Que no tienen ni repajolera idea.

Lo que este espanto de estatua demuestra es que los supuestos artistas tuvieron claro desde el principio que se trataba de ofender la sacralidad de la basílica, ya bastante rendida en el documento que firmó el cardenal arzobispo de Madrid con Félix Bolaños. Documento que ahora está siendo contestado legalmente porque don José Cobo tendría que demostrar que acudió a la firma con Bolaños con un mandamiento expreso de la Santa Sede.

Quien busca polarizar no quiere de ninguna manera reconciliación como la que se buscó en el Valle de los Caídos. Se pudo hacer con mayor o menor acierto arquitectónico, con formas más o menos adecuadas a la hora de buscar los muertos que allí reposan… lo que no se puede negar es que a nadie le puede hacer mal que los benedictinos recen por su alma. Incluso si no se cree en los beneficios espirituales. Lo que seguro que no vale para nada es el odio y la ofensa intencionada. Y eso es lo que promueve este gobierno en el Valle de los Caídos.