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Post-itJorge Sanz Casillas

Meloni deja a Sánchez sin cenar

Lo que le preocupa a Sánchez no son los principios de la Unión. Lo que le preocupa es que ha pasado de ser el yerno ideal para muchas incautas a convertirse en una especie de comercial de Tecnocasa

Andan las groupies del sanchismo un poco revueltas porque Pedro Sánchez se ha quedado fuera de un encuentro informal de líderes europeos previo a la cumbre de los Veintisiete. La cronología es la siguiente: Italia, Alemania y Bélgica convocan un retiro en el castillo de Alden Biesen (Bélgica). Según el primer ministro belga, anfitrión, unos responden a la invitación y otros no. España no lo hace, se queda fuera del plan y este jueves el Gobierno llama a Meloni para decirle que muy mal, que ya podría ser como esa señora de Jaén que le dijo el otro día: «Come un poquillo, que estás muy delgado».

Según la Agencia EFE, presidida por el que fuera su secretario de Estado de Comunicación, fuentes del Gobierno español han informado de que se pusieron en contacto con el de Italia «no para pedir que se le invitara, sino para hacerle saber que esa clase de iniciativas minan los principios básicos de la Unión Europea».

Hace falta ser desahogado para decir que unas convivencias en el castillo de Cenicienta minan «los principios básicos de la Unión Europea». Lo que le preocupa a Sánchez no son los principios de la Unión, pues muchos se los lamina con su manera de proceder en España. Lo que le preocupa es que ha pasado de ser el yerno ideal para muchas incautas a convertirse en una especie de comercial de Tecnocasa, que va llamando a la puerta de los países para que se apunten a su errática política internacional.

Porque esa es la verdad. A Sánchez le dio igual la sincronía dentro de la Unión cuando le puso ojitos al coche eléctrico chino mientras los fabricantes europeos se matan por colocar su mercancía. También cuando estableció alianzas con Huawei (Zapatero mediante) al mismo tiempo que la Comisión se plantea vetarles. O cuando se puso tibio con la dictadura venezolana que da de comer (y de vivir y de viajar) al expresidente socialista. También cuando anunció una regularización masiva de inmigrantes sin mayor muestra de arraigo que un bonobús, generando un efecto llamada lesivo para los que vienen (pues muchos mueren en el mar) y pernicioso para los que ya están, que ven crecer la población sin que el país esté adaptado a ello.

Me temo, por tanto, que estamos ante lo de casi siempre: mientras hablamos de sus enganchaditas virtuales con Elon Musk y sus llamadas a Meloni, se nos olvida que ayer un ministro del Gobierno de España se sentó ante el Supremo por aquello que hizo en el ejercicio del cargo. Porque esa es la imagen del día y del mes: la vista preliminar de un juicio por el que, presuntamente, cargos del Gobierno se lucraron con la venta de mascarillas, mientras los españoles morían de mil en mil sin poder ponérsela.