Fundado en 1910

Imposición de la ceniza por el inicio de la CuaresmaEuropa Press

Entre el Ramadán mediático y la olvidada Cuaresma

De la vivencia pública de la fe al repliegue espiritual: cómo el laicismo militante ha confinado la tradición católica al ámbito de lo invisible

Los laicos militantes -que, en realidad, conforman una «religión» muy combativa- han hecho valer la premisa de que la religión es algo privado, propio de cada persona en su interior o en su círculo más íntimo

Ayer a la salida del sol, 90.000 musulmanes residentes en Baleares iniciaron el período del Ramadán, durante el cual deben ayunar desde la salida del sol hasta su ocaso. Tampoco pueden beber agua, ni fumar, ni mantener relaciones sexuales. Los periódicos y otros medios de comunicación hablaron largamente del tema, con profusión de comentarios. Mucho menos lo hicieron respecto a la Cuaresma católica que -caprichos de la casquivana luna lunera- este año coincide con el inicio del tiempo sagrado de los mahometanos. En realidad, lo único que vi en los medios es un discreto artículo del obispo de Mallorca. ¿Por qué esa diferente presencia mediática? ¿Es que en nuestras islas ya no quedan católicos?

En mi infancia y juventud -servidor, cómo casi todos los descendientes de judíos conversos de Mallorca nací en un hogar profundamente cristiano- la Cuaresma marcaba fuertemente el devenir cotidiano. Ayer como hoy, los cuarenta días que preceden al Domingo de Resurrección -nada que ver con el Pessah judío- contenían también preceptos de ayuno. Las normas impedían comer carne, aunque si tenías una bolsa más o menos colmada podías comprar la Santa Bula y librarte del sacrificio. En los viernes de cuaresma y por mucha bula que tuvieses sí que te estaba vedado el consumo de carne.

Mi padre, que siempre fue un bon vivant, saludaba con regocijo estos días: cogía el coche y se iba a esperar las barcas de los pescadores, en el Puerto de Alcudia. El resultado de aquel precepto era que nunca se comía mejor en casa de los Segura que en los viernes de cuaresma: impresionantes meros con tumbet o sabrosos arroces con langosta o buey de mar alegraban una jornada en principio prevista para el sacrificio. Y sin saltarse el precepto.

Por aquellos tiempos en Mallorca existía la costumbre de fer sa Quaresma (hacer la Cuaresma). Eran votos particulares, no obligados, por los cuales muchas personas -no necesariamente devotas- se privaban de un acto placentero durante los cuarenta días. Lo más corriente era dejar de fumar, aunque otros se prohibían a si mismos actos como no reñir con la mujer, dejar de blasfemar (algo muy corriente, para mi repugnante, en la Mallorca de entonces y aun en la de hoy) o no ir al cine.

Los laicos militantes han impuesto la falsa premisa de que la religión es algo privado, logrando reducir el hecho religioso a un ámbito estrecho y limitado

Capítulo aparte merecerían los quaramers, que eran predicadores contratados por las distintas parroquias para pronunciar sermones especiales, más tronantes que los habituales. Los había con gran prestigio que se cotizaban muy bien el el «mercado» eclesiástico.

Volviendo al Ramadán quiero dejar bien claro que a mí me parece de lo más loable que los musulmanes lo celebren, incluso con sus fiesta final, dentro de un mes, en el que rompen el ayuno con una gran comilona. Lo que me entristece un poco es precisamente lo contrario: que los mallorquines que profesan la fe católica -aunque sea de manera puramente nominal- hayan abandonado los actos de culto que marca el período cuaresmal.

Lo que me entristece no es el Ramadán, sino que los católicos mallorquines hayan abandonado los actos de culto que marcan la Cuaresma

Tengo escrito que uno de los grandes males de hoy en día -común a todo Occidente- es la ausencia de religiosidad. Los laicos militantes -que, en realidad, conforman una «religión» muy combativa- han hecho valer la premisa de que la religión es algo privado, propio de cada persona en su interior o en su círculo más íntimo. Nada más falso, pero así han conseguido reducir el hecho religioso a unos ámbitos estrechos y limitados.

Eso ha empobrecido a la sociedad, privándola de la espiritualidad que es parte consustancial del ser humano. Ya no hay confesores sino psicólogos. Tampoco «directores espirituales», que han sido sustituidos por gurús que predican un estilo de vida light y que tampoco se privan de conjugar el verbo prohibir.

El judaísmo, que en Mallorca es la única religión cuyos fieles estamos obligados a rezar bajo vigilancia policial, es tan minoritario -aquí y en toda España- que sus fiestas y preceptos llaman la atención de los curiosos. En la fe judía están la base ancestrales del Ramadán y de la Cuaresma. Otro día hablamos de eso, que no todo va a ser política.