Fundado en 1910
Aire libreIgnacio Sánchez Cámara

La doctrina Sánchez y la fragata pacifista

Resulta interesante que nuestro Ejecutivo invoque la legalidad cuanto tan desenvuelto es con ella en el ámbito interno. Se ve que la legalidad es más bien asunto extramuros

El Gobierno se opone a la guerra emprendida contra Irán por Estados Unidos e Israel, a la que califica como un grave error y considera opuesta al Derecho internacional. En realidad, la cuestión decisiva no es ninguna de esas dos, sino si se trata o no de una guerra justa, y es este un asunto enormemente difícil de decidir y al que el Gobierno parece dar por resuelto sin entrar en el análisis. Se queda en que es un error opuesto al Derecho internacional, lo que frente a la justicia o injusticia resulta secundario.

Resulta interesante que nuestro Ejecutivo invoque la legalidad cuanto tan desenvuelto es con ella en el ámbito interno. Se ve que la legalidad es más bien asunto extramuros. También cabría sostener que la guerra es alegal. No creo que exista alguna guerra en el mundo (se diría que solo hay una o dos) que sea legal, si por legal se entiende autorizada por Naciones Unidas. El problema es que dada la estructura del Consejo de Seguridad y el derecho de veto concedido a algunos países, entre ellos Estados Unidos, Rusia y China, las posibilidades de autorizar la legalidad de una intervención armada parecen muy limitadas. Así, las relaciones internacionales están sometidas a la ley de la fuerza o, en el mejor de los casos, a los principios de una ética consecuencialista de la responsabilidad (Max Weber). No hay Derecho sin posibilidad del uso de la fuerza para imponerlo. Y Naciones Unidas carece de ella. Además, las tiranías son miembros de pleno derecho y las democracias una amplia minoría.

Aceptemos que la intervención sea ilegal. Y que nuestro caudillo demócrata, amigo de tiranías, esté en el «lado correcto de la historia» (valga la memez). Extraña historia esta llena de corrupción, mentira, ilegalidad, abuso de poder y traición. ¿Qué alternativa propone Sánchez para combatir y derrocar las tiranías? Nada. Absolutamente nada. Ni siquiera se ha intentado una declaración contraria de Naciones Unidas. Mucho menos se ha solicitado el uso «legal» de la fuerza. Mientras tanto, el presidente del Gobierno recibe los elogios de la tiranía iraní y las críticas del presidente de Estados Unidos. Pero no hay problema. Estamos en el «lado correcto de la historia». Haciendo un ejercicio de ficción, cabría preguntar cuál sería la actitud de nuestra izquierda radical si fuera España la víctima de la «teocracia» iraní, y una tiranía clerical cristiana (la verdad es que esto es imposible) oprimiera al pueblo español, asesinara manifestantes opositores, encarcelara y torturara, persiguiera a los homosexuales como delincuentes y sometiera a todas las mujeres considerándolas seres infrahumanos. Ante una intervención exterior, clamarían seguro contra la vulneración del Derecho internacional y gritarían el más rotundo «no a la guerra». Un paréntesis. Es muy recomendable la atenta visión de un video de la ministra de Igualdad en el que, tras una melodramática intervención con gesto propio de Medea, concluye con un arrebato de palmas, con una sonrisa que casi no le cabe en el rostro, y repitiendo el eslogan «no a la guerra» con alegría y entusiasmo. No indagaremos los motivos de la exaltada alegría.

Unas horas después de la declaración solitaria del presidente sobre la paz (nada de las Cortes, nada de la oposición, nada de preguntas de la Prensa), enviaba nuestra mejor fragata a la zona de conflicto. Todo muy Sánchez. Y entonces nos ilustra con su novedosa distinción entre atacar y defender, entre la guerra ofensiva y la defensa de eventuales víctimas amigas. Es una distinción sutil. Imaginemos un entrenador de fútbol que renunciara al ataque y se limitara a la defensa de su equipo frente a las oleadas ofensivas rivales. El fútbol es ataque y defensa, como la guerra. Y enviar una fragata a la zona de conflicto es una acción bélica. Si «no a la guerra», entonces la fragata sobra. La negativa al uso de las bases por Estados Unidos, acaso correcta, se podría haber gestionado mucho mejor sin exhibir esa poderosa musculatura anti-Trump. Meloni, al menos, argumentó la necesidad de una autorización del Parlamento. Pero aquí, «el Estado soy yo». Los juicios de intenciones son casi siempre problemáticos. Ya que no el botín de guerra, ¿no estará esperando Sánchez un botín electoral? Posdata: No he hecho una sola afirmación acerca de la justicia o no de la guerra.