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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Embusteros a tiempo completo

Ministros como María Jesús Montero, Ana Redondo, Mónica García o Marlaska son peritos en trolas. A fuerza de vivir en la política de los embustes, casi nos habíamos acostumbrado a que nuestros pícaros no dijeran la verdad ni al médico

Que Pedro Sánchez invoque la soberanía nacional para negarse a que Trump use las bases de Rota y Morón es hilarante. Quien ha vendido a trozos nuestra soberanía y defendido y pactado con quienes querían y siguen queriendo acabar con la integridad nacional, ahora pide las sales porque un aliado exija el cumplimiento de los acuerdos que hemos firmado sobre el uso de bases militares en nuestro territorio, que incluye su utilización cuando uno de los firmantes siente amenazada su seguridad, como es el caso de Estados Unidos frente a Teherán. Pero es imposible que el presidente del Gobierno diga una única verdad. Y dos, tres o veintidós ministros que se sientan en el mismo salón (del Consejo) se vuelven de la misma condición.

Con el ejemplo de Pedro Sánchez, no hay nadie a su alrededor que diga una cosa cierta. Su mujer, su hermano, sus secretarios de Organización (a ellos la verdad se la dirá pronto un tribunal de Justicia) mienten más que parpadean. Ministros como María Jesús Montero, Ana Redondo, Mónica García o Marlaska son peritos en trolas. A fuerza de vivir en la política de los embustes, casi nos habíamos acostumbrado a que nuestros pícaros no dijeran la verdad ni al médico. Pero lo peor llega cuando dos ministros de Estado, como Margarita Robles y José Manuel Albares, responsables de Defensa y Asuntos Exteriores, respectivamente, en medio de la crisis diplomática con Estados Unidos por los cálculos electorales de Sánchez, han hecho que nos sonrojemos como colegiales que han sido pillados en la engañifa por el profe. Esta vez el profe era Estados Unidos.

Resulta que Margarita Robles, una magistrada que frisa los 70 años y que inexplicablemente ha dilapidado parte de su prestigio orillando su sentido de Estado para tragar las ruedas de molino sanchistas, también es capaz de mentir para alimentar el relato pacifista de su jefe. Con una carrera brillante como juez —primera mujer al frente de una audiencia y la tercera que llegó al Tribunal Supremo— recaló en un Gobierno de tardoadolescentes, carentes del más mínimo fundamento personal y político. En ese contexto, la institucional Margarita defendió y mantuvo una mentira cuando su encuentro con el embajador americano, Benjamín León, Jr., ocasionó una respuesta de la Casa Blanca que la puso en apuros frente a Moncloa.

Mientras Pedro públicamente entonaba el «no a la guerra», en un nuevo intento por comprar votos de los más cafeteros de la izquierda que estaban decididos a quedarse en casa en las próximas generales, mandaba a Robles a recibir al representante de Trump en Madrid. De esa reunión salió el embajador con la idea de que el Gobierno español echaba marcha atrás y se comprometía a colaborar, como el resto de Europa, en la defensa de la seguridad occidental frente a Irán. Pero cuando la buena de Margarita es llamada a capítulo por Pedro, indignado porque habían sido descubiertos en su impostura, se apresuró a lanzar una falsedad que tuvo las patas tan cortas, que solo llegó a los medios afines, que la propalaron con fruición. Dijo la ministra, secundada por Albares, que era imposible que la reacción americana fuera consecuencia de su encuentro con el emisario estadounidense porque cuando la portavoz de Trump sentenció que «España ha accedido a cooperar con Estados Unidos», ella estaba todavía reunida con León Jr. Mentira: este salió de la sede de Defensa a las 18:35 del miércoles y hasta 44 minutos después, a las 19:19, la portavoz Karoline Leavitt no intervino ante la prensa. Es decir, cuando el jefe de la legación americana reportó a la Casa Blanca que Pedro era un farsante.

Es bastante decepcionante que Robles –que justo es decir que también fue víctima de un bulo aquel día sobre lo que dijo en un «mudo» con el embajador–, con la vida solucionada y una biografía profesional a años luz de las de sus compañeros de Gabinete, no solo que permanezca en él desde la moción de censura, sino que se haya enfangado hasta los codos en este Gobierno demencial, demencialmente irresponsable, nacido de una demencial ambición de su presidente. De Yolanda, de María Jesús o de Bustinduy lo podíamos esperar. De Robles, no. O quizá ya sí.