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La mayoría de españoles está en contra de la guerra de Irán, pero eso no debería ser excusa para tragar con las mentiras de la campaña gubernamental del 'No a la guerra'. Menos aún, cuando el Gobierno las utiliza para la impúdica movilización de hoy en plena jornada de reflexión.

Primero, el 'No a la guerra' del Gobierno no se basa en una posición moral. Es puramente propagandística y electoral, como lo demuestra la movilización de hoy intentando emular aquellos negros días del 11-M, cuando la izquierda agitó la calle culpando a Aznar del atentado.

Segundo, la legalidad internacional es una añagaza. De ahí que el Gobierno la grite, pero no la explique. No existe una legalidad internacional equiparable a la legalidad del Estado de derecho, y la que invoca el Gobierno es la de la Carta de las Naciones Unidas. Esa según la cual la legalidad la establece el Consejo de Seguridad, que tiene a la dictadura china y a Rusia entre sus cinco miembros permanentes y con derecho a veto, es decir, una broma para determinar lo que es una guerra legal. A lo que se añade que la propia Carta podría justificar el ataque como un derecho de Israel a la autodefensa.

Tercero, la mentira de la solución diplomática que esgrime como supuesta alternativa Pedro Sánchez. Esta mentira sencillamente toma como idiotas a los españoles, cuando Estados Unidos lleva décadas intentado la solución diplomática que han rechazado de plano los líderes de Irán.

Cuarto, la mentira de la paz. Y no solo porque el propio Gobierno no es pacifista en otros conflictos, y Ucrania es el mejor ejemplo, sino porque es Irán quien lleva décadas de ataques a Estados Unidos e Israel. Entre otros, el ataque del 7 de octubre de 2023 a Israel por parte de una organización como Hamás, financiada y apoyada por Irán.

Quinto, la mentira de la seguridad, o el mensaje de que es esta guerra la que amenaza la seguridad mundial y nacional. Como si Irán no llevara décadas fomentando el terrorismo y como si no fuera una realidad el avance de su programa nuclear con el que ha amenazado con borrar del mapa a Israel.

Sexto, la mentira de que España no participa en la guerra, cuando lo hace a través del cumplimiento de sus obligaciones con la OTAN. Las mínimas, sí, pero hasta Sánchez sabe que no puede eludirlas, aunque luego siga tomando también por idiotas a los españoles y lo llame «operaciones defensivas».

Séptimo, la mentira de que Trump actúa contra la legalidad de su país, cuando lo cierto que es que la War Powers Resolution le da al presidente 60 días para obtener la autorización del Congreso.

Y octavo, quizá la mentira más repugnante y que Sánchez utilizó en su declaración institucional del 4 de marzo, la de que esta guerra habría quebrado un derecho internacional que nos protege a todos, especialmente a los más indefensos. Lo que niega a todos los iraníes reprimidos por la dictadura, además de a las víctimas de los terrorismos fomentados por Irán.

Pero hay también 2 verdades sobre el 'No a la guerra' que explican por qué esta campaña de Sánchez funciona notablemente. La primera, que la gran mayoría de españoles está en contra de la guerra y de implicarse en ella. Porque España es un país claramente aislacionista, pero también por la segunda verdad, y es que en España hay un fuerte antiamericanismo que se redobla cuando el presidente es republicano, sea Bush o sea Trump. Y eso explica la paradoja de que muchos medios españoles, como el resto de medios izquierdistas europeos, informen sobre la guerra como si desearan una derrota de Estados Unidos e Israel y un triunfo de la dictadura iraní.