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HorizonteRamón Pérez-Maura

La España de Torrente

En la práctica, ese aplauso en el cine Proyecciones, era una manifestación que en la práctica se hace desde el anonimato: una sala oscura, donde no conoces más que a quien ha ido contigo

Cuando una película tiene en España 900.000 espectadores en su primer fin de semana, a estas alturas seguro que más de un millón, estamos ante un fenómeno sociológico que ningún periodista digno de ese nombre puede perderse. Y más cuando se trata de un cine que no tiene un céntimo de subvención oficial. Antes de salir de la redacción de El Debate hacia la sala, mi compañero de faena Luis Ventoso me dijo que a ver qué impresión sacaba yo. Que unos dicen que quien queda mal es Vox y que otros dicen que es Sánchez el que queda peor.

Ya comprenderán que en una sátira como son las películas de Torrente, nadie queda bien. Aunque yo creo que los actores que encarnan al presidente de Vox (Nox) y al del Gobierno tienen mejor presencia que los de la vida real. Casi la única decepción que tuve con la película fue que la siempre fértil imaginación de Santiago Segura no ha logrado esta vez superar la realidad española. Esa España más propia de Torrente y tan bien reflejada en la película. Quizá con la excepción de la cantidad de tiros que se pega en el filme y que, afortunadamente, todavía no nos ha traído el sanchismo.

La sucesión de cameos es muy divertida, aunque, como es lógico, no ayudan a mejorar el nivel interpretativo del conjunto de los actores. Pero también demuestra que Segura tiene amigos en todas partes. Y eso incluye personas de todas las ideologías.

Hay algo en el terreno ideológico que creo muy revelador. Mi mujer y yo fuimos al pase de las 19:30 del pasado martes en el Cinesa Proyecciones de la calle Fuencarral 136. La sala 5 es una de grandes dimensiones y había algo más de media entrada. El público se rio mucho y, evidentemente, disfrutó con la película. Pero lo que no puedo dejar de contar sin pretender hacer un spoiler es que cuando el presidente del Gobierno es sacado de La Moncloa el público en mi pase rompió en aplausos.

Yo creo que ese gesto espontaneo es una manifestación muy real del momento que vive España. Porque ese público se reía sin parar sobre las chanzas que se hacía con Vox y en las que se acaba asesinando a alguien. Decir que en Nox ordena asesinatos no me parece que deje en muy buen lugar al partido que en la vida real encabeza Santiago Abascal. Pero estar en una sala con un público que se ríe indistintamente de las sátiras sobre Vox y sobre Sánchez me parece que demuestra que el intento del sanchismo de imponer la polarización en España todavía no ha terminado de triunfar. Y en la práctica, ese aplauso en el cine Proyecciones, era una manifestación que se hace desde el anonimato: una sala oscura, donde no conoces más que a quien ha ido contigo. Y, cuando se encienden las luces tampoco sabes si el que está sentado dos filas más abajo es uno de los que ha aplaudido. Pero ahí aplaudió casi todo el mundo la España de Torrente.