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La izquierda está tan alterada con la prioridad nacional que xenófobos y racistas son los insultos más suaves que se le han ocurrido, además de una sarta de bulos sobre la supuesta intención de dejar a los inmigrantes sin asistencia sanitaria. Tengo la convicción de que, si se llamara prioridad estatal, la reacción habría sido mucho más contenida. Porque esto de lo nacional les provoca un gran nerviosismo, cuando de la nación española se trata, claro está. Se han mimetizado de tal manera con el vocabulario de los nacionalistas que, ahora, hablar de nación española o nacional ya les parece una provocación.

De ahí que estén sustituyendo lo nacional por lo estatal, porque la nación española no existe y es una imposición, como dicen los nacionalistas. Y aquí estamos ante una eclosión de lo estatal, que, si antes era un adjetivo utilizado hasta límites grotescos por los nacionalistas para evitar el reconocimiento de la nación española, ahora ha sido adoptado por los socialistas con la misma pasión. A este paso, ya lo he dicho alguna vez, la izquierda nos va a hablar de la selección estatal de fútbol.

Se trata de la reacción emocional de la izquierda a un concepto que han aprendido a despreciar. Porque el fondo constitucional de su enfado es absurdo, puesto que toda nuestra Constitución se basa precisamente en la prioridad de los ciudadanos nacionales, en España como en el resto del planeta, ya que la nacionalidad otorga una serie de derechos a quienes la poseen, lo que supone de entrada lo que la izquierda llama discriminación o xenofobia contra quienes no poseen esa nacionalidad. La nacionalidad da derechos o privilegios, pero igualmente da obligaciones. Y esta es la segunda parte que tampoco entiende la izquierda, porque lleva décadas con ese discurso de los derechos ilimitados y las nulas obligaciones.

Entre tales obligaciones figuran las tributarias, esos elevados impuestos que los españoles deben pagar para poder sostener los enormes gastos de nuestro Estado del bienestar. De ahí que los españoles tengan derecho a opinar sobre el destino de sus impuestos, algo que la izquierda tiene dificultades para comprender. Lo puso de manifiesto el ministro Bolaños en la sesión de control del Congreso el pasado miércoles, cuando lanzó todo tipo de descalificaciones a los diputados del PP y de Vox por haber aprobado la prioridad nacional en los pactos autonómicos. Cuanto más hablaba y cuanto más gritaba lo de xenófobo y racista, más dejaba en evidencia el alejamiento de la izquierda de la realidad de los españoles.

Bolaños y sus ataques a la prioridad nacional ayudan a explicar por qué hay una grave crisis del socialismo en Europa Occidental. Y lo mismo pasa con una parte de la derecha europea, que tampoco está entendiendo la preocupación de los ciudadanos por el crecimiento de la inmigración ilegal y el colapso tanto del Estado del bienestar como del control de la seguridad. Son los ciudadanos de las clases medias y trabajadoras y no los miembros de esas élites que inspiran a los partidos del llamado progresismo, pero también a una parte de la derecha despistada. Esas élites no han entendido el gran cambio europeo, porque a ellos no les ha afectado.