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Unas líneasEduardo de Rivas

La España de Sánchez: dos países y ninguna vivienda

El Gobierno ha asumido el vocabulario del separatismo. Le falta solicitar a la FIFA que el Mundial de 2030 sea el de España, Cataluña, Portugal y Marruecos

Probablemente ya sabrán que este Gobierno que tenemos trabaja cada día para hacer que Cataluña y España sean «países mejores». Ese fue el guiño que le hizo Pedro Sánchez a Míriam Nogueras durante la sesión de control en el Congreso, plegándose una vez al discurso que el separatismo pretende imponer. Después de conceder el perdón a los responsables del golpe del Estado del 1-O, y más tarde reconocer que aquello nunca sucedió a través de una amnistía, ahora llega la asunción del vocabulario secesionista.

El Gobierno ya no habla de Cataluña como una «nación» dentro de España -que aquello ya lo aceptó Zapatero-, sino que, para Sánchez, Cataluña es un país diferente al nuestro. Le faltó llamar a la FIFA para pedir un cambio de nomenclatura en el Mundial de 2030, para que pase a ser el Mundial de España, Cataluña, Portugal y Marruecos. Y aprovechar la llamada para hacer lobby en favor de una final en el Camp Nou. O en Casablanca como segunda opción.

De lo que quizás no se hayan enterado es de que el Gobierno ha aprobado un plan de vivienda. Ni desde Moncloa se le ha dado casi bombo, conscientes del fracaso de otros anuncios similares. Hemos perdido la cuenta de las miles de viviendas de protección oficial que Sánchez prometió construir y que nunca han llegado. Será culpa del PP, que no concederá las licencias en las diferentes autonomías. O de que no hay constructoras que no quieran pasar por caja para conseguir una obra. O de que llovía el día que iban a empezar los trabajos.

En la web de Moncloa, la noticia se anunciaba con el siguiente titular: «El Gobierno aprueba el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, dotado con 7.000 millones, para ampliar el parque público y frenar la especulación». El gran problema de este país es el acceso a la vivienda y tenemos un Gobierno obsesionado en señalar a los ricos, en lugar de buscar soluciones. Y la única viable es conseguir que bajen los precios a base de fomentar la oferta, pero para ello habría que premiar a los propietarios en lugar de convertirlos en su punching ball particular.

Si persigues a los dueños y les dejas claro que no podrán echar a sus inquilinos si son vulnerables aunque no paguen, o que no les vas a ayudar si les okupan el piso, lo que vas a provocar es que la oferta se hunda. Sin embargo, si tú incitas a quien tenga un piso vacío a que lo alquile o lo ponga en venta, ya sea a base de bajar impuestos o como sea, puede que te haga caso y logres bajar los precios.

Pero, mientras esto no suceda, a cualquiera le pasará lo que me ha ocurrido a mí esta semana. Vi un cartel de «se vende» en el edificio en el que vivo, en un barrio céntrico de Madrid, y se me ocurrió llamar para preguntar. Iluso de mí. Una habitación, 54 m2, casi medio millón de euros. No confíen en que el Gobierno consiga que esto cambie.