La terremoto
Para mí, que Lilith está enamorada. Su vida privada merece todo el respeto y mucho se ha guardado de hacer pública la identidad de su amor. Hasta puede ser un belga flamenco, un marino mercante o un empleado de Roures. Tiene que insistir y persistir en su empeño
He conocido a dos mujeres arrolladoras. Lola Flores y Lilith Verstrynge. A la primera, personalmente. Y era en efecto, la Faraona, un vendaval de arte y gracia. Los que coincidieron con la actriz María Guerrero también recuerdan su poderío personal, su imperio en la interpretación. Pero no he tenido la fortuna de saludar a Lilith Verstrynge, ese tsunami avasallador. Su voz, su gesto, la modulación del tono cuando habla en público y en privado, resultan irresistibles. Su grito en el escenario de Podemos abarrotado de sillas vacías «¡España, mañana, será republicana!» me ha dejado sin fuerzas, sin defensas.
Primero, por la originalidad del mensaje, y después por la tempestad de su sangre, de su carácter, de su atractivo personal. En el decenio de los setenta del pasado siglo, jugaba en el Kilmarnock, notable equipo de fútbol escocés, un futbolista noruego, Olegarsson, que me produjo la misma impresión que Lilith. Olegarsson salió al campo con sus compañeros. Se enfrentaba el Kilmarnock al Glasgow Rangers, y es vieja costumbre de los futbolistas calentar los músculos y activar su agilidad en los minutos previos al inicio del partido, con carreritas, escorzos muelles, saltos y demás zalemas. Y Olegarsson, que era un terremoto, un noruego con un incendio en sus entrañas, un Lilith Verstrynge en camiseta y calzones cortos, demostró su agilidad y fortaleza tocando con los dedos de las manos las puntas de sus borceguíes, con tal destreza, pasión y elasticidad, que fue retirado en camilla con anterioridad al pitido del árbitro que autoriza el principio del encuentro. Una tragedia. Un volcán en erupción que, inesperadamente, se queda sin lava y con el cráter lesionado.
Pablo Iglesias siente una gran debilidad por Lilith. Y entiendo perfectamente su debilidad. Lilith es de esas mujeres que cuando abandonan un local, éste queda vacío y desolado. Me dicen que posee un sentido del humor muy belga, como el de su padre, y que en la intimidad resulta tronchante. Y Pablo Iglesias, que tiene el humor a raudales, caudaloso como el río Esgueva en el mes de agosto, ante el humor se rinde.
Y para darle más ambiente a las convocatorias públicas de Podemos, le rogó a Lilith que animara al personal asistente, que en los últimos tiempos es más personal ausente que asistente, pero eso no tiene nada que ver con la fuerza arrolladora de la chica en cuestión. Y ya establecida Lilith como animadora de Podemos, Pablo Iglesias se fue a freír monas y nunca más se supo de él. Pero Lilith, que es una mujer comprometida, como se dice ahora de las personas que se comprometen no se sabe con qué, se mantiene en su puesto y nos deja boquiabiertos con su dicción, sus palabras flamígeras, su tono de voz simultáneamente sísmico y aterciopelado. Es tan notorio lo que escribo que, con anterioridad a un mitin electoral, los representantes de otros partidos preguntan si va a acudir Lilith, y si la respuesta es afirmativa, hasta el más tonto de sus adversarios se presenta encantado y obtiene una nota brillante. Porque Lilith es tan tímida, tan celosa de su sabiduría y tan bondadosa, que por no hacer daño al contrincante es incapaz de pronunciar tres palabras sin leer la chuleta, y no siempre la chuleta corresponde a lo que se está debatiendo, lo cual no deja de ser una manipulación.
Para mí, que Lilith está enamorada. Su vida privada merece todo el respeto y mucho se ha guardado de hacer pública la identidad de su amor. Hasta puede ser un belga flamenco, un marino mercante o un empleado de Roures. Tiene que insistir y persistir en su empeño. Sin ella, sin su palabra, sin su dominio parlamentario y sin su bella presencia, Podemos se precipitará hacia el desastre.
Se me olvidó informar a los lectores, que el resultado del Kilmarnock-Glasgow Rangers que se disputó sin Olegarsson, fue de 0-7 a favor de los visitantes. Así que ya sabe, Lilith. No hay que hacer ejercicios bruscos.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 15 de junio de 2021