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El que cuenta las sílabasGabriel Albiac

Basura antes de caer

Hubiera sido un placer ver a la «carne de meme» sumergirse en tan opacos laberintos. A la medida, sin duda, de su don escénico. En los juicios que vienen de camino no le va a faltar, seguro, ocasión para demostrarlo. De momento, la fiesta sigue

Desconozco los usos carcelarios. Y me pregunto si para mimetizarse con el gran Emil Jannings, habrá podido José Luis Ábalos disponer en su calabozo del vídeo del 'Ángel azul', aquella versión muy suavizada –conmocionante, sin embargo, en sus bellas imágenes– de la feroz obra maestra en la que Heinrich Mann dio forma literaria a su premonición, en 1905, de un nazismo ya en camino: El Profesor Unrat o el final de un tirano.

Unrat –en alemán, «basura»– es el calambur con el que la mala baba de sus alumnos ha dado lustre al nombre de un patético profesor gordo, envejecido e hipócritamente puritano. El profesor Raat es ya para todos, en su provinciana ciudad centroeuropea, el 'profesor basura'. Y, de esa basura, hará la cabaretera Lola-Lola, a la que da vida una destellante Marlene Dietrich, el payaso patético con cuya irrisoria tragedia se cierra la película de Josef von Sternberg. «Habéis hecho de mí carne de meme», no lo pronuncia, mirando desolado a cámara, Emil Jannings –quien fue, por cierto, el primer actor que ganó un Oscar–, sencillamente porque el 'palabro' no existe en el año 1930. Y, si a al profesor Raat –o al pobre Unrat– no lo somete su fatal rubia a ghosting, es porque faltaba todavía un poquitín para que móviles y redes le amargasen la vida a la especie humana. Aparte de esos nimios detalles, la imitación exhibida sobre la escena del Tribunal Supremo anteayer fue meritoria.

La pena es que la parodia de Ábalos se detuviera en la versión que, del personaje, construye Von Sternberg. Quien se centra sólo en la primera parte de la agria novela de Mann: la que despliega la caída en el fango de un «payaso de las bofetadas» destinado a despertar en el lector una triste amalgama de asco y lástima. Dado que de la novela existe traducción española, no excluyo que el inquilino de Soto del Real hubiera podido –si es que esas cosas lo tentaran– echar una ojeada al original literario, sobre cuya sentimentalizada versión fílmica pareció haber construido el exministro anteayer su lastimero personaje. Es una pena que no lo hiciera.

Una pena, porque, ahí sí, hubiera podido reconocer a su alma gemela. Y es que, tras la caída hasta el último recodo de su envilecimiento, el patético profesor apuesta por transformarse en monstruo. Nada que ver con el humilde perrillo faldero de la película. Y, al calor de la hipocresía sórdida de una gris burguesía provinciana, este que abraza ahora en 'Unrat' su verdadero nombre, «Basura», aquel que el destino le ha otorgado, se lanza a hacer carrera sin escrúpulos. De proxeneta titular de la tan apetecida Lola-Lola, a estafador y chantajista de la banda de imbéciles burgueses que antaño se burló de él. Ningún remordimiento va a retenerlo. Y, a través de ese ascenso social de cloaca en cloaca, el viejo y despreciado profesor se convierte en «alguien»: alguien al cual todos deben recurrir –no gratis– para satisfacer esos deseos que el buen hacer social exige queden en silencio. Así, hasta el crimen sórdido y fallido que sella su desenlace. Unrat es repugnante como víctima, hasta la hora de pasar a serlo como delincuente. De Basura a Basura.

El personaje de Mann es, por retorcido, bastante más difícil, para un actor, que el de von Sternberg. Pero hubiera sido un placer ver a la «carne de meme» sumergirse en tan opacos laberintos. A la medida, sin duda, de su don escénico. En los juicios que vienen de camino no le va a faltar, seguro, ocasión para demostrarlo. De momento, la fiesta sigue.