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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Ni Aldama ni Julito son santos

Pero, lo dicho, Aldama no es la reserva moral de Occidente ni Julito, el que corría por El Pardo con el expresidente y zar de las Rusias Zapatero, tampoco. Como tampoco lo fue Bárcenas. O Santos Cerdán, si finalmente sigue el ejemplo y desembucha. Que conste en acta ante la sentencia de las mascarillas

Ahora que está a punto de conocerse la sentencia de las mascarillas, será importante saber si Víctor de Aldama sacará más rédito del esperado por haber colaborado con Anticorrupción. Pero precisamente por eso es oportuno recordar que el susodicho comisionista está acusado por la Fiscalía española de pertenecer a una organización criminal, de haber cometido cohecho y haberse aprovechado de información privilegiada. Conviene no olvidarlo. Que esté colaborando con la justicia y destapando una trama anidada en el corazón del sanchismo no significa que el perejil de las salsas corruptas sea, por lo que se podría interpretar como un acto de contrición, la mismísima reencarnación de Sor Ángela de la Cruz. Él mismo se ha autoincriminado de delitos gravísimos.

Desde luego, ha aportado al Ministerio Público sólidas pruebas que han aminorado la petición de penas desde los 24 años que le reclaman a Ábalos, o los 19,5 a Koldo, hasta los siete por los que le acusa Luzón, que podrían incluso haberse rebajado si la fiscal general del Estado no hubiera frenado la decisión de Anticorrupción, decidida a incentivar que aquellos que conozcan desde dentro la corrupción política la denuncien y se acabe con el miedo a cantar contra los malos. Como ha hecho el que fuera presidente del Zamora Club de Fútbol y cónsul honorario de Georgia.

Desde luego no era el pequeño Nicolás, caricatura a la que quiso reducirlo la izquierda. Pero tampoco es la probidad hecha carne, ni un ejemplo de pulcritud social que se está sacrificando en favor de la limpieza de nuestras cuentas públicas, como en parte de la derecha se sostiene. Por más que sea elogiable que se acabe la ley del silencio y que se facilite a la justicia hacer su labor, no es menos cierto que Aldama solo ha empezado a colaborar cuando se le pilló con las manos en la masa, y ya empadronado en Soto del Real. El que ha sido representante de Air Europa; cercano a la tiranía de Maduro; mediador de la china Huawei y empresario de hidrocarburos –sumario que también va a dar que hablar y por el que fue detenido una segunda vez por un fraude de 231 millones de euros– no es precisamente un espejo en el que mirarse. Además, amañó un contrato millonario de mascarillas para forrarse en plena pandemia, sumario por el que ahora va a recibir sentencia. A partir de ahí y solo a partir de ahí, se escribe su historia. Como le puede pasar a Julito Martínez, el amigo del alma de Zapatero, que quizá –y a la vista de los réditos que saquen Aldama– también tire de la manta y será de agradecer que confiese. El caso de Aldama y Martínez, por cierto, muy cercanos ambos a los negocios del chavismo, me recuerda milimétricamente a lo que pasó hace 13 años cuando la prensa de izquierda canonizaba a Luis Bárcenas porque le atizaba al Gobierno de Mariano Rajoy, olvidando o perdonando que se había llevado 48,2 milloncejos a Suiza, de los que nunca dio cuenta.

El «nexo corruptor» Aldama, según lo llama la UCO, participó en el blanqueo de dinero procedente de hidrocarburos y pagó a través de un amigo los pisos de las sobrinas de Ábalos para tenerlo contento y que no faltara el dinero público en contratos de los que él se beneficiaba. Además, su misteriosa relación con la Venezuela de los dictadores Maduro y Delcy también es para escudriñarlo. Sin él, la hoy presidenta encargada (por Trump) de hundir Venezuela, no hubiera pisado suelo español para que le rindieran pleitesía Zapatero y Sánchez. Lo que pasa es que la prensa los pilló fuera de clavo.

Los corruptos, corruptos son. En el caso de este actual colaborador de la justicia, está muy bien que esté aportando material probatorio que la Fiscalía ha estimado como indiciarias de delitos. En su haber está, precisamente, haber proporcionado el nombre de Santos Cerdán a Anticorrupción para que tirara del hilo del dinero de la adjudicación de obras. Asimismo, hemos sabido, gracias a Alejandro Entrambasaguas, en El Debate, que recibió hasta 15 llamadas desde los equipos de Bolaños y Óscar López para evitar que el empresario descubriera el pastel. Sabrían que él algo sabría.

Pero, lo dicho, Aldama no es la reserva moral de Occidente ni Julito, el que corría por El Pardo con el expresidente y zar de las Rusias Zapatero, tampoco. Como tampoco lo fue Bárcenas. O Santos Cerdán, si finalmente sigue el ejemplo y desembucha. Que conste en acta ante la sentencia de las mascarillas.