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TribunaFernando Ramos

El síndrome de Hubris que padece Pedro Sánchez

Dentro de ese contexto, las opiniones y los criterios de los otros, si no coinciden con los suyos, carecen de valor, a no ser que rectifiquen y los asuman. Quiere tener el control de todas las situaciones y cuando, por ejemplo, se advierte que se descubren sus flancos la culpa nunca es suya, sino de los otros

El psicólogo Guy Winch afirma que una persona que cree que siempre tiene la razón tiene un ego frágil. Su autoestima es tan débil realmente que, si se le cuestiona, su ego no tolera admitir un error. En el fondo este tipo de sujeto niegan sus propios fracasos, los disimulan, pero sobre todo se rodean de corifeos que afirman, como se ha dicho por aquí no hace mucho, es el «puto amo». Estas personas padecen el llamado síndrome de Hubris. Se trata de un trastorno de la personalidad causado por el ejercicio prolongado del poder. Se caracteriza por no tener en cuenta los consejos y opiniones de los demás y por tomar decisiones temerarias.

Es evidente que el comportamiento ordinario de Pedro Sánchez encaja y se supera en sus manifestaciones cotidianas. El término que le es aplicable procede del griego Hubris (desmesura o arrogancia y lo puso de moda el político y neurólogo británico David Owen. Una persona que cree que siempre tiene razón puede ser descrita como «dogmática» o «narcisista». Tienden a distorsionar la realidad para proteger su autoestima. Además, pueden mostrar rigidez cognitiva y actitudes egocéntricas, rechazando sistemáticamente considerar otras perspectivas. Dicen los expertos en este tipo de conductas que el llamado «trastorno histriónico» de la personalidad generalmente comienza al final de los años de la adolescencia o poco después de cumplir los 20 años.

Este tipo de personas sobreestiman sus capacidades por encima de los demás. Y una de sus consecuencias es que siempre cree tener razón. Incluso cuando dice una cosa y hace la contraria, sigue teniendo razón, porque cambió de opinión y la suya prevalece. Son logros lo que vale porque creen que siempre aciertan. Estos personajes muestran un exceso de confianza en sí mismos y usan del cinismo como herramienta para desdecirse de lo que dijeron si las evidencias los dejan al descubierto y, en todo caso, se busca la culpa a otros. A veces identifican un cargo que desempeñan circunstancialmente dentro de los ciclos de la política consigo mismo, y por eso toman decisiones temerarias, Sin embargo, cuando pierden el poder o el cargo son muy reversibles para adaptarse a la nueva situación.

Cabe recordar que con frecuencia la actitud de algunos se compara con otro hecho histórico, con respecto a los que siempre han querido tener razón. La frase «Mussolini siempre tiene razón» se originó en el contexto del fascismo italiano, donde se utilizaba el eslogan «Il Duce ha sempre ragione» (el Duce siempre tiene razón). Reflejaba la obediencia absoluta al líder, Benito Mussolini, quien era visto como un carismático y unificador del país. Bajo su liderazgo se quiso legitimar su poder a través de un culto a la personalidad y una propaganda sistemática que exaltaba su figura.

Lamentablemente, en la historia de la Humanidad, ha habido otros personajes, tanto en regímenes dictatoriales como en democracias, que pretenden no sólo tener razón, sino ser capaces de negar el conocimiento de hechos de su entorno, abusos o actos delictivos de quienes los apoyaban sostenían o incluso fueron eslabones esenciales para alcanzar el poder del que disfrutan. En estos casos, aparte de asegurar que nada se sabía de sus conductas se llega a cima del cinismo, al asegurar que en realidad apenas los conocía ni sabía nada de ellos, aunque los proveyera de importantes cargos o misiones de confianza.

Dentro de ese contexto, las opiniones y los criterios de los otros, si no coinciden con los suyos, carecen de valor, a no ser que rectifiquen y los asuman. Quiere tener el control de todas las situaciones y cuando, por ejemplo, se advierte que se descubren sus flancos la culpa nunca es suya, sino de los otros o de circunstancias que escapaban a su control. Es evidente que es fácil situar personajes a los que nos referimos sin necesidad de citarlos. No escuchan las opiniones y argumentos de los otros porque no valoran lo que estos puedan decir, lo que les hace tener poca empatía con otras personas. Estas personas están obsesionadas con tener el control de las situaciones y cuando las cosas van mal ni se inmutan, como si no fuera con ellos.