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en el recuerdoAlfonso Ussía

Encuentros no deseados

Aunque duela escribirlo, Virginia es una fresca. Con 17 años se prestaba a ser conejito de Epstein y mantenía encuentros no deseados pero frecuentes con este pobre tontorrón

No estoy en condiciones de reconocer mi amistad con el Príncipe Andrés de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Duque de York, cuna del jamón del mismo nombre. Y no puedo hacerlo porque no he intercambiado palabra alguna con el Duque de York en mi vida, y para colmo, su persona me importa un bledo.

Pero creo que como tantos famosos, está siendo vilipendiado por asuntos amorosos o pasionales acaecidos hace más de veinte años. Es cierto que el Príncipe Andrés fue amigo del millonario que rompió en pedófilo Jeffrey Epstein, y que se fotografió con una rubita muy insinuante que asistía a las fiestas de Epstein llamada Virginia Giuffre. Con veinte años de retraso, Virginia Giuffre ha demandado por abuso sexual al Duque de York. Según ella, mantuvo con el segundo hijo varón de Isabel II algún que otro «encuentro no deseado» sexual cuando apenas tenía 17 años y no le habían explicado a la niña de qué iban esas cosas. Tampoco ha explicado los motivos que le llevaron a formar parte del harén de Jeffrey Epstein, que era un harén de sábanas revueltas, almohadas por el suelo y un buen dinerito a cambio.

No entiendo lo de los «encuentros no deseados». Un encuentro no deseado no puede considerarse un encuentro. Y por muy depravado y pedófilo que fuera el sinvergüenza de Epstein, no me lo figuro obligando a la pobre inocente Virginia Giuffre a encontrarse sin deseo con el Príncipe Andrés. Con 17 años de edad, las mujeres no se dejan mandar y engañar así como así. Pero el dinero impera, y con veinte años de retraso, la que fuera bella contratada por Epstein, se ha convertido en una precipitada fondona, y ha demandado al Duque de York para alcanzar un acuerdo y lograr un «encuentro deseado» con unos cuantos centenares de miles de libras esterlinas. No se ha cuidado Virginia. Con 38 años, hoy en día, las mujeres mantienen un esplendor estético casi veinteañero, y Virginia se ha dejado llevar por los dulces y la excesiva ingestión de féculas.

Creo que Virginia tendría que haberse querellado con el Duque de York al día siguiente de mantener el primer «encuentro no deseado». Pero no. Repitió en diferentes ocasiones los encuentros no deseados con el Príncipe Andrés, y transcurridos dos decenios, ha decidido demandarlo por lo mucho que le hizo sufrir. La pobre Virginia ha dejado pasar veinte años de lacerantes recuerdos, y ha explosionado de dolor. Ella no quiso, pero sucedió. Mantuvo encuentros nada deseados con Andrés con frecuencia, siempre cumpliendo las órdenes de Epstein, aunque no se sepa a qué interés o beneficio atendía acudiendo a sus fiestas de fin de semana con otras colegas de encuentros no deseados.

Está claro que el hombre no tiene defensa. Sí es sí. Y Virginia se ha montado la película, verosímil o inventada, porque sacarle un dinero a un hijo de la Reina de Inglaterra no es misión imposible. Lo sería si intentara sacarle el dinero a la Reina, que es de la Cofradía del Puño, según mi informador, su cuidador de perros Gerald Gomsson, natural de Devonshire.

Aunque duela escribirlo, Virginia es una fresca. Con 17 años se prestaba a ser conejito de Epstein y mantenía encuentros no deseados pero frecuentes con este pobre tontorrón. Y ahora, veinte años transcurridos, sin Epstein en la vida y con su físico aumentado sin medida por culpa de las tabletas de chocolate «Cadburys» ha demandado a York en busca de un buen dinero. De haberlo hecho con 17 años, su demanda hubiera sido tan justa como razonable. Pero el tiempo de la justicia y la razón, a mi entender, ha pasado con holgura.

Pero ganará. Andrés era tonto y mayor de edad y ella menor de edad y listísima. Y si me lo permiten, bastante putita, escrito sea con el mayor respeto a sus veinte años de callado dolor.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 12 de agosto de 2021