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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Vuelva usted mañana para desbrozar

Los interesados en limpiar los bosques, trabajo que saben hacer, caen en un laberinto. Les ignoran, desprecian su criterio y su conocimiento de generaciones. Se ha ideologizado cuanto atañe a la naturaleza

Otra catástrofe provocada por la ideología ecologista, infiltrada en cada conducto de las administraciones públicas. Primero anegó las legislaciones nacionales a través del gran generador de burocracia: la Unión Europea. Como siempre, la aplicación en España de lo impuesto se fragmenta en diecisiete normativas diferentes, con sus respectivos caminos administrativos, disuasorios hasta lo enfermizo, como veremos. Si la intención era la prevención de incendios importa un comino: el resultado es el sistemático agravamiento de las catástrofes naturales.

Los interesados en limpiar los bosques, trabajo que saben hacer, caen en un laberinto. Les ignoran, desprecian su criterio y su conocimiento de generaciones. Se ha ideologizado cuanto atañe a la naturaleza. Pesadillas de fuego y agua: las inundaciones catastróficas por falta de limpieza de cauces y el infierno de fuegos indomables vienen de omisiones que la gente del campo conoce muy bien. Encima deben asistir a la autoexculpación de las autoridades; como en el antiguo Egipto o en Babilonia, señalan deidades, naturaleza enfadada, necesidad de sacrificios. «¡Ah, el cambio climático!» Con la diferencia de que aquellos sacerdotes conocían los ciclos mejor que nuestro funcionariado woke, programado desde el cole para negar la naturaleza. En especial la humana.

El riesgo vital trastoca las vidas de agricultores y ganaderos. Instancias superiores decidieron que en Europa no debe existir sector primario. Mientras, el secundario enferma por idénticas causas irracionales: sacrificar la industria en el altar del iracundo clima. Al primario lo hiere una competencia desleal impuesta por el acuerdo con Mercosur, que llega después de decenios de obligaciones, límites y trámites. Tramites que enloquecen, como sabía Kafka. La banda de los 61, repentinamente elevada a la condición de ingenieros de montes, está gritando que en España no solo se puede limpiar el bosque, sino que es obligatorio. ¿Ah, sí? Te cuento.

Primero se lo comunicas a la Administración. Esta evalúe y decide (a menudo que no). Debes acreditar documentalmente tu titularidad, o aportar autorización del propietario. Presentarás una memoria técnica detallando la superficie, el método, la maquinaria a usar, las fechas de actuación, las medidas a tomar contra la erosión, para proteger fauna y flora, así como la gestión de la biomasa. Aportarás planos de localización e identificación, por supuesto, y llevarás el informe ad hoc de un técnico forestal colegiado. Si hay un cauce cerca, añadirás una autorización de la Confederación Hidrográfica. Mejor que tengas, para prevenir graves sanciones, una evaluación de repercusiones sobre especies de interés o hábitats. Pájaro. Asimismo, requieres una autorización específica (invernal) por la quema de residuos. Evitarás actuar en período de cría de aves. Te pueden inspeccionar. Presentarás justificación de haber terminado con la limpieza. La biomasa extraída tendrás que triturarla, venderla o quemarla. En el último caso, precisas nuevas autorizaciones. Y, en los tres casos, justificar cuál ha sido la gestión elegida. Este es el régimen habitual, pero cada comunidad autónoma aporta sus torturas diferenciales. ¿Decían que es obligatorio limpiar el bosque? Quizá deseen que arda todo. O son una colección de cretinos.