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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Todos somos Alicia Tomás

Como fuere, sepan Illa, su gobiernilla, y la izquierda feminista en general (que jamás condena la violencia contra Vox ni tampoco la violencia sexual de autoría muslime), que todos somos Alicia Tomás y que esto no se acaba aquí ni de coña

Lo primero que le sale de la boca al agresor de mujeres es «puta». Al musulmán puesto en Europa, más. Lo entiende cualquiera que haya leído a Ayaan Hirsi Ali. O sea, nadie por la izquierda. Así empezó la piara salvaje que, en número de cuarenta, golpeó, insultó y amenazó con una violación en grupo a la concejal de Vox en Tarrasa. Terrassa, dicen, pero yo paso mientras allí sigan con Saragossa. Así están en el nordeste español, donde la Marca Hispánica, primera referencia reconocible de lo que se dio en llamar Cataluña, y que era, como su nombre indica, una forma de taponar al muslime en Hispania, España, cuya identidad como unidad política bajo los visigodos es indubitada.

¿Quieres un hecho diferencial? El que distinguía a mis padres de mí: ellos podían recitar una larga lista de nombres evocadores, todos reyes de la tierra que pisamos, en tanto que yo solo podía maravillarme y preguntar por qué los jesuitas me habían hurtado esa parte de la historia. Luego supe que no eran solo los jesuitas. El tardofranquismo se caracterizó por la turra de que no necesitábamos saber la lista de los reyes godos.

Tras esta abusiva digresión, vuelvo al moro, a su difícil relación con la mujer occidental. Le provocaron lesiones a Alicia Tomás, que vale más que todos ellos juntos, más Illa y su gobiernilla, a quienes debo citar como guinda del nauseabundo pastel. ¿Por qué? La morería agresora de mujeres e Illa con su gobiernilla tienen un enemigo común. En ambos casos consideran que los ciudadanos españoles con vecindad catalana y de Vox no tienen derecho a existir (y si existen, que lo hagan en silencio). Paralelamente, la chusma invasora que golpeó e insultó a Alicia Tomás y a su pareja delante de sus hijos menores de edad merece toda nuestra atención, nuestra comprensión por sus delitos y nuestro dinero para mantenerlos. Es decir, en Cataluña rige la prioridad mora, aunque sean agresores de mujeres, sobre el ciudadano español de vecindad civil catalana que vota o representa a Vox. Si es usted fácilmente impresionable por las palabras, deje de leer ahora, pues haré constar que la manada adornó sus golpes y patadas con ciertos lemas feministas. Los que siguen: «Puta, no vas a gobernar en Tarrasa nunca» (casi lo mismo que podría decir Illa); «te vamos a follar el culo entre unos cuantos».

No, piara, no lo vais a hacer. Por vuestro discurso y conducta parecéis favorables a la violación en grupo. Las estadísticas ya nos habían informado. Sin embargo, gentecilla como Illa solo recuerda una violación en manada, cometida por españoles. Es una deficiencia lo de quedarse con la excepción e ignorar la regla. Pero todo en Cataluña es excepcional. Como fuere, sepan Illa, su gobiernilla, y la izquierda feminista en general (que jamás condena la violencia contra Vox ni tampoco la violencia sexual de autoría muslime), que todos somos Alicia Tomás y que esto no se acaba aquí ni de coña.