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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Los virtuosos profesionales Begoña y David

Lo que busca es que la oposición acepte un marco mental según el cual la culpa de estos incendios inextinguibles la tiene el capitalismo, el neoliberalismo. En resumen: la derecha. Mientras la izquierda es la ideología buenista que quiere combatir a los malos que fuman puros en los reservados de los restaurantes caros

Cero autocrítica. La España de Pedro Sánchez va bien. Todo se tapa con el humo de los incendios. Avalancha de cifras. Tanto, que nos quejamos de vicio. La derecha es la culpable. De todo. Ellos queman los montes, no los desbrozan y encima no quieren firmar un pacto para la emergencia climática. Y, por si fuera poco, esa misma derecha, cuyo brazo armado es la acusación popular –no decía lo mismo el presidente de la de Urdangarin o la Gürtel–, ha deshumanizado a sus corruptos de cabecera: ZP, Begoña y David. Pero como Zapatero es una tea ardiente, Pedro Sánchez se puso a resguardo para no achicharrarse más y tiró de lugares comunes –«respeto a su presunción de inocencia, estamos en las fases iniciales, ya veremos en qué deriva»– y hasta negó que él fuera «el portavoz» del expresidente. De los cuñados Bego y David, resulta que son grandísimos profesionales, merecedores de cargos de élite. Lástima que ambos terminaran así: una, firmando cartas de recomendación para empresarios amigos y disfrutando de una cátedra en una universidad pública para la que no contaba con títulos; y el otro, disfrutando de un puestecito público en una diputación provincial, gobernada por el partido de su hermano.

Pero hay que reconocer al líder socialista que puso toda la carne en el asador para defender a su familia. El jefe del Gobierno, en una amena clase de Barrio Sésamo, nos ha enseñado a disociar a su esposa, Begoña Gómez, y a su hermano, David Sánchez, de sus respectivos perfiles profesionales. ¿Y quién mejor que el marido y el fraternal Pedro para vender sus excelsas biografías? Según la versión de Sánchez, ambos no han hecho otra cosa que formarse. David es licenciado en Icade, titulado en San Petersburgo y habla perfectamente inglés, francés, italiano y ruso. No es solo «mi hermano», aseguró, en homenaje a Guerra. Y Pedro y su mujer se conocieron cuando «teníamos treinta años, y ella llevaba ya más de diez trabajando en su empresa, que la tuvo que abandonar». Lo mejor vino cuando nos interpeló: «¿Eso es lo que queremos, que las parejas de los presidentes o presidentas tengan que dejar su trabajo?». Hombre, lo que queremos es que no trafiquen con la influencia de su cónyuge, no usen a funcionarios pagados por todos para sus negocios, no intermedien en rescates de aerolíneas propiedad de sus íntimos y no se hagan con una dignidad universitaria para la que no tienen currículum. Eso es lo que queremos.

Su comparecencia, antes de volar a Marivent y a La Mareta, fue lo de siempre: habló de polarización interesada, de dogmatismos neoliberales, de grupos de poder, de fondos buitre, del dictado de los poderosos, de los derechos humanos, de multilateralismo y de crisis climática. Este es el balance de un año, que han diseñado sus 700 asesores, y que nos han devuelto a los clásicos pancarteros, al progresismo trasnochado para movilizar a una izquierda que está abandonando en bandadas al Gobierno, abochornada por la cueva de Alí Babá en que se ha convertido un partido que dijo venir a regenerar la política y echar a los corruptos. Lo que no dijo, y ha pasado, es que querían sustituirlos desde el primer minuto; desde que se bajó de la tribuna José Luis Ábalos aquel junio de 2018. Que este presidente del «no es no», que no ha conseguido ni aprobar Presupuestos en esta legislatura, aquel cuyos ministros llaman «nazis» a los líderes de la derecha, hable de pacto de Estado para la emergencia climática, es un insulto a nuestra inteligencia. Y que evoque un hipotético «acuerdo de país» el que no sabe ni qué es su país: ¿plurinacional, federal, confederal, la suma de distintos estados, el que defiende su camarada Otegi, o el que pretendía su amigo el prófugo? Convendría que lo explicara.

Nos ofrece refugios climáticos quien no tiene ni una sola idea para intentar evitar los incendios, las danas o las sequías. La ley de montes es un freno para que se desbroce y se pode el campo; ha echado de la tierra a ganaderos y agricultores e incrementa la burocracia y la parálisis administrativa que expulsa a los campesinos de su hábitat. Más que un refugio climático, necesitamos un refugio que nos ampare de las políticas irresponsables y sectarias del Gobierno que dirige. El problema radica en la ideologización de ese pacto «climático» que ya entraña en sí mismo una encerrona semántica para cazar a quien lo suscriba. Porque la izquierda no quiere acabar con las llamas y las afectaciones terribles a miles de compatriotas y al medio natural; lo que busca es que la oposición acepte un marco mental –«el elefante en la habitación», como reconoció ayer Pedro– según el cual la culpa de estos incendios inextinguibles la tiene el capitalismo, el neoliberalismo. En resumen: la derecha. Mientras la izquierda es la ideología buenista que quiere combatir a los malos que fuman puros en los reservados de los restaurantes caros.

Copien el balance del año pasado de Sánchez y les valdrá para conocer el de ayer. El problema es que los problemas crecen, y la plantilla de la propaganda es la misma.