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DivisaderoAntonio Pérez Henares

La última Mareta

Por ello lo que no puede permitir es que se lo podamos decir ya en las urnas y por eso se resistirá a convocarlas hasta que ya no pueda impedirlo. Sigue con lo de que habremos de sufrirle un año más aún. Pero me parece que, aunque lo ansíe, esto ya no va a poder ser

Sánchez se nos ha despedido para irse a vacacionar todo un mes con su familia de condenados e imputados al palacio de La Mareta para holgar allí todos ellos, y ya sabremos cuantos añadidos más, a cargo de nuestros impuestos, pero desde luego a cuerpo de rey.

De realengo, desde luego, viene el lugar. Fue el rey Hussein de Jordania quien se lo regaló a Juan Carlos I y este entregó al Patrimonio del Estado y no como el ínclito Zapatero con las joyas. ¿Lo invitará Pedro a visitarlo como el año pasado?, que aunque no sabemos quien, o a cambio de qué, se las dio, pero sí que se las quedó y las escondió como todo ladrón hace con su botín.

Antes de irse nuestro todavía presidente de gobierno, nos dejó algunas estampas muy de su estilo, pelaje y jaez, que, desde siempre y aunque ahora se afane en camuflarlos toda una parva de asesores estéticos y un celemín de cremas, siempre me han parecido, nunca he compartido las loas a su presunta grandeza en la maldad, de chulo de billar rodeado de la consabida banda de macarras, antes la del Peugeot, Ábalos, Koldo y Cerdán y ahora la del coche oficial, Puente, Óscar y Pachi, y el coro de grupies ministeriales.

Nos colocó como postre de la añada uno de sus monsergones donde además de autoelogiarse hasta la categoría de máximo genio, redentor y santísimo varón otorgó bula, absolución y títulos de excelencia intelectual y empresarial, amén claro de probidad sin tacha, a su hermano, condenado por unanimidad por los jueces de la Audiencia Provincial de Badajoz y a su mujer, procesada también unánimemente por la de Madrid y que para primavera habrá de sentarse en el banquillo de los acusados.

Las loas al primero alcanzaron cotas de delirio fraternal. Un prodigio en lenguas, sabe más que el ChatGTP, y un portento como artista y director. Vamos que tanto es así que rehusó dirigir la Filarmónica de Viena para colocar sus clavijas en un enchufe de una oficina que no sabía ni donde estaba, pero por Badajoz. Las églogas a su esposa no se quedaron atrás. Una empresaria y académica de club Forbes y rango internacional, vamos. Sabiniano S.L y la universidad Complutense reclamándole 113.000 euros y el software.

Todo tan «guapo» y de similar calaña de lo que calló el discurso: Tres indultos otorgados aquella misma mañana para librar de la cárcel a que habían sido condenados por corrupción: Para Laura Borràs, separatista catalana, Juan Fernández, el ex alcalde socialista de Linares y Natalio Grueso, gran factótum y aún mayor trincón del gobierno socialista astur. Que menos. Hoy por ti, mañana por mí.

A su gran visir, faro y referente ético, Zapatero no llegó a beatificarlo pero sí continuó proclamando que todo le parece muy limpio y en sazón y ya muy bien explicado por el inocente presunto. A Sánchez todo el tinglado de pillaje y reparto que tenían montado, y que sus cómplices ya han confesado, y lo de tener más de un millón, son más bien tres o cuatro, en piedras preciosas es algo normal y que cualquier familia se ha «dejado» en casa o en el despacho.

Al día siguiente remató faena yéndose con Marlaska a que le saludaran marcialmente en el puesto de los incendios, con un chaleco para la ocasión como de haber estado noche y día en primera línea de fuego. Con ello daba los incendios por extinguidos, por supuesto gracias a él y se iba a descansar.

Siempre y por supuesto todo por las «gentes», mantra que repitió hasta la saciedad en la alocución del día anterior para machacar una y otra vez que su gobierno era de, por y para la «gente», pero cuyo contacto evita y del que huye como galgo en Paiporta o liebre en pinar quemado. Porque en cuanto asoma o se le puede oler a distancia ya le llega al oído lo que las tales gentes opinan de él.

Por ello lo que no puede permitir es que se lo podamos decir ya en las urnas y por eso se resistirá a convocarlas hasta que ya no pueda impedirlo. Sigue con lo de que habremos de sufrirle un año más aún. Pero me parece que, aunque lo ansíe, esto ya no va a poder ser.

Porque nada más llegar septiembre las llamas del incendio, en este caso judicial, que no solo no está extinguido sino que no va a dejar de arreciar hasta alcanzarle ya a él. Por delante no le quedan sacos terreros y todo apunta a que el PSOE como colectivo se va a ver inculpado y él como su secretario general también. Y por el otro lado, como presidente del Gobierno, no tardará tampoco en ser convocado. Puede que veamos incluso el salto de la Audiencia Nacional al Tribunal Supremo cuando a quien haya que llamar a declarar sea un ministro o cualquier otro aforado. Y las llamas esta vez alcanzaran ya de lleno a Moncloa y a Ferraz. En otoño la ola de calor de la corrupción va a ser abrasadora y con las lenguas de mierda saliendo por la boca del cráter del volcán no habrá ya monserga, ni mentira, ni papagayos mediáticos que las puedan contener. Y, urnas mediante, esta tiene toda la pinta de ser su última Mareta.