Sánchez también mintió en los incendios
Sánchez reitera la monserga de la emergencia climática. Debería seguir a los científicos y no a los jetas que actúan para el propio beneficio. Antepone en sus decisiones la ideología a la gestión eficaz. Ya ocurrió en la dana al no construirse la presa prevista. ¡Las presas son franquistas!
Alguna vez anoté que preparo un libro sobre personajes que he tratado en mi ya larga vida; podrían llegar al centenar. Desde Eamon de Valera, Giorgio Almirante, Idi Amín Dadá, Sadam Hussein y Otto Skorzeni en la política, a Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, Carl Schmitt, Gabriel Marcel y Omar Sharif en otros campos. Un personaje del libro será Rodolfo Llopis. Cuando regresó a España desde el exilio en 1976, un amigo común, conociendo mis trabajos sobre la masonería, organizó una comida para que le conociese; luego las reuniones se sucedieron. Llopis se había iniciado como masón en 1923 en la logia Ibérica n.º 7 de Madrid; adoptó el nombre simbólico de Antenor.
Llopis fue diputado por Alicante, director general de Enseñanza Primaria y, durante la Guerra Civil, subsecretario de la Presidencia del Gobierno con Largo Caballero. Se mostró reticente ante el poder cada vez mayor del PCE. Exiliado en Francia tras la guerra, en 1944 fue elegido secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de la República en el exilio. En su momento se enfrentó a la corriente que tenía a Nicolás Redondo, Felipe González y Pablo Castellanos como arietes, y formó el llamado PSOE Histórico tras la victoria de Felipe González en el Congreso de Suresnes en 1974. Me comentó que el problema de aquel nuevo PSOE era su adscripción a la mentira, e insinuó que, bajo mano, el franquismo había protegido a la corriente socialista de González «porque eran buenos chicos y no habían hecho la guerra». Llopis, vuelto a Francia, falleció en 1983.
Recuerdo aquellas palabras de Llopis ante tanta mentira disfrazada de verdad que padecemos en el sanchismo. Sánchez ha asumido la adscripción a la mentira. Una vez más mintió en los incendios. Sánchez anunció en mayo, desde una de esas escenificaciones a las que es tan devoto, que España afrontaría «el mayor despliegue del Estado para una campaña antiincendios». «Se contará con una flota de 15 aviones anfibios, con el nuevo kit apagafuegos para aeronaves A400M de Airbus y con 4 nuevos helicópteros Chinook y 2 Cougar, que se suman a los medios ya operativos del Batallón de Helicópteros de Emergencias». Y añadió: «Los equipos también dispondrán de nuevos drones de alta capacidad, vehículos todoterreno, cámaras térmicas y sistemas avanzados de vigilancia y seguimiento. Un esfuerzo que tendrá continuidad en un futuro inmediato, con la incorporación ya prevista de 7 nuevas aeronaves DHC-515 dentro del Plan Industrial y Tecnológico de la Defensa». Presentó una campaña que habría de mostrarse falsa.
Los incendios de este verano, aún una amenaza, han demostrado que nada era cierto. Sólo siete de los catorce Canadair son operativos, los otros siete no se han modernizado. Los Airbus A400M no han instalado los kits contra incendios, por lo que no pueden operar. Los ha empleado Francia en sus incendios; es el mejor ataque contra el fuego que se conoce. Los anuncios de Sánchez no se han cumplido. Mientras, llevamos años siguiendo a los ecologistas, cada vez más «ecolojetas», abandonando al campo que defienden más y mejor quienes lo viven y lo trabajan. Desde los despachos se quiere arreglar lo que, de hecho, se desarregla.
Sánchez reitera la monserga de la emergencia climática. Debería seguir a los científicos y no a los jetas que actúan para el propio beneficio, acaso desde un protagonismo tan patológico como el suyo. Antepone en sus decisiones la ideología a la gestión eficaz. Ya ocurrió en la dana al no construirse la presa prevista. ¡Las presas son franquistas! Y ahora el fuego. Le invito a seguir a José Antonio Sáenz de Santa María, prestigioso geólogo, autor de una obra importante, o al reputado ingeniero de montes Carlos del Álamo Jiménez. Y a tantos otros. Aprendería, aunque cree que lo sabe todo. Así nos va.
Mientras España arde, Sánchez tapa sus incendios personales y políticos. Se han quemado 218.765 hectáreas hasta el 31 de julio, según datos provisionales del Sistema de Información Europeo de Incendios Forestales. Además, tratará de utilizar los incendios como arma electoral. Hasta ahora sólo ha enseñado la patita Puente, metepatas verborreico. Para eso es ministro, porque en cuanto atañe a sus responsabilidades, es un desastre.