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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

El chiste de la semana: cuando la nada se cree algo

Al asomar la patita para suceder a Sánchez, Óscar Puente ignora la cita de Sócrates: «Conócete a ti mismo»

Pocas cosas suscitan más vergüenza ajena y chufla que la soberbia desaforada, sobre todo cuando el altanero se cree un personaje providencial careciendo de cualidades relevantes. Anda todavía por ahí un eurodiputado encantando de haberse conocido, al que oyes hablar y se diría que la reunificación de Alemania, los acuerdos de Maastricht y hasta el euro no habrían sido posibles sin su contribución estelar. Confieso que una vez en un almuerzo me costó contener un ataque de risa floja al escucharlo pavonearse sin rubor, casi me tengo que tapar el careto con la servilleta.

Caminando por la vida te encuentras con gente de mucha altura que hace gala de una reconfortante modestia. Pero también con majaderos y troncos que levitan. El periodismo es un oficio especialmente proclive a los egos inflados, como ciertos columnistas de la adolescencia perpetua, o alguna investigadora en constante y cansino autobombo, que cualquier día de estos se va a atribuir hasta el Watergate. Constituyen también un pequeño clásico los articulistas de provincias que creen que Washington, Pekín y Moscú están muy atentos a sus admoniciones: «Desde aquí, conmino por última vez al presidente Trump a que cese inmediatamente…».

Cuando los personajes públicos empiezan a autocitarse, o referirse a sí mismos en tercera persona, malo. Cuando no escuchan cuando se les habla, peligro. Y cuando pierden el sentido de la realidad los aguarda el ridículo, la mofa popular y el fracaso. Un magnífico consejo de la Grecia clásica, popularizado por Sócrates y Platón, rezaba así: «Conócete a ti mismo». Parece claro que el ministro Puente no es muy socrático, porque ha protagonizado el chiste involuntario de la semana al semipostularse en la carrera sucesoria de Sánchez. Supone además toda una osadía, porque la última que asomó la patita –Marisu de Triana durante los cinco días de meditación del hombre enamorado– fue castigada luego a las galeras electorales por el retorcido líder supremo.

El hecho de que Puente se considere un candidato plausible, incluso para una marca tan desacreditada como el PSOE y para suceder a una calamidad como Sánchez, demuestra que no se conoce un ápice. De entrada, el público es más templado de lo que parece y no le gustan los energúmenos, que están muy bien para hacer barullo en las tertulias al rojo vivo y en los fondos de los estadios, pero que chirrían en la cosa pública. Nadie quiere como mandatario a un histrión incompetente de labia malvada.

Su segundo problema es su hoja de servicios. Tenía que haber dimitido tras el brutal accidente de Adamuz, fruto de su desidia en el mantenimiento de la infraestructura. Tenía que haber dimitido por haber convertido el AVE, que era un orgullo de España, en una ruleta rusa de retrasos y averías. Tenía que haber dimitido cuando provocó una crisis diplomática con Argentina al sacar su lengua hiriente a pasear y llamar drogadicto a Milei. Tenía que haber dimitido cuando en octubre del año pasado subió a su cuenta de X, que es a lo que se dedica, una foto del Metro de París con problemas asegurando que era Madrid. Tenía que haber dimitido por ejercer el matonismo más abusivo, acosando desde el poder a periodistas y jueces, a veces con insultos inéditos en boca de un ministro.

Por último, si somos realistas debemos asumir que también en política vivimos en la era de la imagen, de la telegenia. Y no voy a explicitar lo que todos estamos pensando, ni voy a hacer bromas de mal gusto, al estilo Óscar Puente, sobre el eslabón perdido.

Sánchez ha sido un candidato electoral muy flojo, siempre lejos de las mayorías absolutas y derrotado en las últimas generales. Pero si colocan a Puente al frente del PSOE los diputados del partido cabrán en un microbús. Lo cual tampoco sería una mala noticia, pues con su alianza con los separatistas, su corrupción sistémica y su ingeniería social, ese partido se ha convertido en un pesado lastre para España.

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