Sánchez y Caracalla: tan cerca
Caracalla dio la nacionalidad romana indiscriminadamente por un interés personal: recaudar más impuesto. Pedro Sánchez está dando la nacionalidad incumpliendo lo decidido en el Congreso de los Diputados porque tiene un interés personal: mantenerse en la Moncloa
Por recomendación de Bieito Rubido, el pasado verano me leí El infinito en un junco, la obra maestra de Irene Vallejo (Siruela, 2019). El ejemplar que adquirí corresponde a la 43º edición. No está mal. No me quiero extender sobre la obra que se subtitula «La invención de los libros en el mundo antiguo» pero sí quiero hacer una extensa cita de uno de los pasajes de la obra.
«Un día del año 212, más de treinta millones de personas se acostaron con una identidad distinta de la que tenían al levantarse por la mañana temprano. El motivo no fue una invasión masiva de los ladrones de cuerpos, sino la asombrosa decisión de un emperador romano. Las fuentes no nos dicen cómo fue recibido el cambio, si ganó la partida la desconfianza o el alborozo. Con seguridad predominó la sorpresa: no había precedentes históricos para algo así –y estoy segura de que no veré nada remotamente parecido en nuestro siglo XXI–.
»¿Cuál fue la causa de tanta conmoción repentina? El emperador Caracalla había decretado que todos los habitantes libres del imperio, dondequiera que viviesen, desde Britania hasta Siria, desde Capadocia a Mauritania, adquirían a partir de ese momento la ciudadanía romana. Fue una decisión revolucionaria que borró de un plumazo la distinción entre autóctonos y extranjeros. Un largo proceso integrador culminó en el instante de la aprobación del decreto. Fue una de las mayores concesiones de ciudadanía documentadas en la historia, si no la mayor: decenas de millones de provincianos se convirtieron legalmente en romanos de la noche a la mañana. Ese repentino regalo todavía desconcierta a los historiadores, porque rompió con la política antiquísima –y tan contemporánea– de convertir en ciudadanos plenos solo a un pequeño porcentaje de los aspirantes, de forma gradual y restrictiva. El político y cronista antiguo Dion Casio sospechaba que bajo la aparente generosidad de Caracalla se ocultaba la necesidad de recaudar dinero, puesto que los nuevos romanos contraían ipso facto la obligación de pagar el impuesto de sucesiones y el gravamen por la manumisión de esclavos. Como afirma Mary Beard, si ese fue el motivo, resultó una manera harto engorrosa de abordar el asunto. No creo que ningún Estado actual se plantee legalizar a treinta millones de individuos de golpe, por muy suculenta que resulte la perspectiva de cobrarles impuestos. Sin duda, la decisión del emperador tuvo una importante carga simbólica. En tiempos de crisis, dar a más gente razones personales para identificarse con Roma podía ser una medida inteligente.».
En lo único que discrepo de Irene Vallejo es en su afirmación de que «no veré nada remotamente parecido en nuestro siglo XXI». Pues va a ser que sí lo vamos a ver. Ni siquiera tan remotamente. Es evidente que la ingeniería electoral del sanchismo pretende dar «razones personales para identificarse» con Pedro Sánchez. Y por eso están tan desesperados por las medidas cautelarísimas del Tribunal Supremo. En España saben que su declive electoral y medio ambiental es enorme. No les parece que tenga mucha importancia que clamen insultos contra él y no en una manifestación política sino en un gran premio de Fórmula 1.
Marco Aurelio Severo Antonino «Caracalla» fue uno de los emperadores más sanguinarios de la historia de Roma. Mató a su propio hermano, entre otros muchos. Su reinado se caracterizó por la inestabilidad interna y las invasiones externas. No desde el sur, pero sí desde el norte. Fue asesinado por un soldado descontento con sólo 29 años. Caracalla dio la nacionalidad romana indiscriminadamente por un interés personal: recaudar más impuesto. Pedro Sánchez está dando la nacionalidad incumpliendo lo decidido en el Congreso de los Diputados porque tiene un interés personal: mantenerse en la Moncloa.
La seguridad que ha mostrado hasta ahora Sánchez se fundaba en la trampa que él sabía que podía perpetrar. Pero ahora se están descubriendo maniobras que no se pueden justificar de ninguna manera. El gobierno ha querido quitarse de encima la responsabilidad de a qué circunscripción va cada nuevo votante diciendo que no son los cónsules sino los propios nuevos electores los que informan de cuál es su pueblo de origen. Como descubrimos ayer en El Debate hay varios ejemplos de localidades que no existían antes de 1955 y en las que se están dando de alta estos votantes. Un ejemplo especialmente claro es el de El Ejido, Almería, cuyo Censo Electoral de Residentes Ausentes se ha incrementado un 40 por ciento pese a que en 1955 su territorio eran huertas dependientes del municipio de Dalías.
Las iniciativas políticas de Sánchez se inspiran en las de los tiranos del siglo II. Comprendan que insista tanto, pero no paramos de mejorar.