El sobre lacrado del CNI
Resulta llamativo que en tiempos de guerra híbrida, firma digital y Clave PIN, todavía hay quien espera que le avisen por carta de la llegada de 80.000 inmigrantes que –ellos sí– se movilizan a través del móvil
Dijo el delegado del gobierno en Ceuta, cuando se cumplían 40 días del asalto a la ciudad, que el CNI no manda alertas por mensajes de WhatsApp, sino que lo adecuado es hacerlas llegar en un «sobre lacrado». Un sobre lacrado, dijo. No tenía ni idea. Me quedé con la curiosidad y la duda sobre cómo llega dicho sobre: si a caballo o amarrado al cuello de una lechuza.
No está este texto para depurar responsabilidades (ya está una jueza con ello), sino para constatar las contradicciones de la modernidad que vivimos: cómo en tiempos de guerra híbrida, firma digital y Clave PIN, todavía hay quien espera que le avisen por carta de la llegada de 80.000 inmigrantes que –ellos sí– se movilizan a través del móvil.
La modernidad, decía, es incompleta y tiene sus contradicciones. La sonda Voyager 1, lanzada al espacio en septiembre de 1977, es el objeto elaborado por el hombre que más lejos ha llegado. Se calcula que el próximo mes de noviembre estará a un día luz de la Tierra, lo que significa que cada mensaje que nos mande tardará 24 horas en llegar, al igual que nuestras respuestas. No deja de fascinarme que podamos comunicarnos con un objeto a 25.902 millones de kilómetros y que yo no pueda escuchar la COPE en el gimnasio porque está en un sótano.
Eso es sin duda un fallo técnico fácilmente subsanable, pero el progreso también ha traído conductas un tanto erráticas. Inventamos el comercio online para evitarnos ir a la tienda de ropa, pero hoy muchas de ellas, sobre todo en periodo de rebajas, destinan casi una fila entera a las devoluciones de aquellos productos que no cumplen con nuestras expectativas. Lo mismo ocurre con la comida a domicilio. Ya no es que hayamos renunciado a cocinar –de hecho, el presidente de Mercadona, Juan Roig, está convencido de que las cocinas acabarán casi desapareciendo de los hogares para el año 2050–, es que somos capaces de pedir una tortilla de patata a la tienda de abajo mientras un reloj nos mide los pasos diarios y el gasto calórico.
El ocio tampoco escapa de este progreso infrautilizado. El cine y las series han mejorado muchísimo, con producciones cada vez mejor hechas y mejor grabadas. Hubo un tiempo incluso en que se promovía «el cine en casa» y se vendían productos que dotaban al salón de un sonido envolvente. Sin embargo, tanto esfuerzo se está yendo por el desagüe de nuestras urgencias contemporáneas. A pesar de que el sonido y la imagen son cada vez mejores, hay quien acaba viendo películas de pie, en el móvil y dentro de un vagón de la línea 1 del Metro de Madrid. Todo mientras un niño llora en su carrito y un paisano canta Un velero llamado Libertad acompañándose de su guitarra criolla.
No hace falta volver al sobre lacrado para ser diligentes. Basta con un poquito de normalidad.