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El puntalAntonio Jiménez

Escarnio y castigo para los policías del 1 de octubre de 2017

Con el juicio de Barcelona se consuma un relato de indignidad profundamente injusto donde los verdugos políticos y sus secuaces violentos son amnistiado en los despachos mientras los policías que trataron de impedir una consulta ilegal de claro desafío al Estado de derecho se sientan en los tribunales

La grave situación que vive Ceuta ha opacado otras noticias de interés como el juicio que se sigue en la Audiencia de Barcelona contra cuatro agentes de la Policía Nacional, encausados por el lanzamiento de una pelota de goma que hirió en un ojo, provocándole su pérdida, al independentista Roger Español durante los incidentes registrados en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. Estos cuatro policías son los únicos que no se han beneficiado de la corrupta ley de Amnistía, como sí lo hizo el propio Roger Español que estaba también acusado de atentar contra la autoridad por participar activamente en las protestas, enfrentarse a los antidisturbios con el lanzamiento de vallas y golpear a un agente aquella jornada. También se acogieron al perdón de la citada ley todos los independentistas de Tsunami Democratic que con sus protestas violentas y algaradas callejeras en contra de la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a los líderes golpistas del «procés», provocaron múltiples y severos daños en las calles de Barcelona e hirieron a varios centenares de policías, algunos de tal gravedad que tres de ellos causaron baja definitiva por incapacidad en el cuerpo.

Por este descomunal e insultante agravio comparativo, el juicio contra los cuatro policías evidencia una vez más una profunda quiebra del principio de igualdad ante la ley en España. Mientras los tribunales sientan en el banquillo a servidores públicos que cumplieron con su deber en un escenario de extrema hostilidad, la arquitectura legal del Estado se pliega vergonzosamente a los intereses partidistas del gobierno y de Sánchez que aceptó la infamia, a cambio de los apoyos parlamentarios de Puigdemont y Junqueras, no sólo de que redactaran su ley de autoamnistía, sino también de que impusieran la condición de que los cuatro policías que están siendo juzgados ahora fueran los únicos que no pudieran acogerse al perdón porque uno de sus conmilitones y posteriormente candidato de Junts, el tal Español, qué paradoja y contradicción de apellido siendo un independentista radical, perdió un ojo en su enfrentamiento violento con los antidisturbios. El contraste resulta éticamente insostenible y socialmente hiriente y escandaloso.

Por un lado se somete al escarnio judicial a policías nacionales que afrontan peticiones de condena de 9 y 13 años de cárcel solicitadas por la acusación, mientras por otro esa ley de amnistía impulsada y diseñada por Sánchez a medida de los sediciosos, borra de un plumazo las responsabilidades penales de los líderes independentistas y de los violentos implicados en aquellos graves disturbios, a cambio de sus votos para instalarse aquel en la Moncloa.

Precisamente, por ello, no hay ley más corrupta que la de amnistía tras imponerla Sánchez para garantizarse su investidura y atender a su interés partidista y personal y no al de los españoles. Una maniobra legislativa que no respondió a la concordia ni a la reconciliación nacional, como vendió el muy felón, sino a una evidente forma de corrupción política y por tanto, a un claro intercambio de impunidad por poder. Sánchez utilizó el Código Penal como moneda de cambio, priorizando su supervivencia en la Moncloa frente a la protección de todos los policías que salvaguardaron la legalidad democrática.

Con el juicio de Barcelona se consuma un relato de indignidad profundamente injusto donde los verdugos políticos y sus secuaces violentos son amnistiados en los despachos mientras los policías que trataron de impedir una consulta ilegal y anticonstitucional de claro desafío al Estado de derecho se sientan en los tribunales.

Esta degradación institucional delata la enorme traición e infamia política perpetrada por Sánchez contra los cuatro policías que están siendo juzgados y que defendieron el orden constitucional en las calles de Barcelona el 1-O , mientras los agresores filoterroristas de Tsunami que sembraron el caos y el terror en esas mismas calles de la ciudad condal dos años después, tras la sentencia condenatoria a los golpistas, hayan sido amnistiados, perdonados y empoderados entre el secesionismo por su activismo criminal. A pesar de agredir y herir de gravedad a los agentes Iván, Ángel y Álvaro, los tres incapacitados a consecuencia de las heridas sufridas, fuera de la policía y sin haber sido resarcidos moralmente con la acción reparadora de la justicia a la que tenían derecho. Y todavía nos escandalizamos de su incompetencia para defender nuestra frontera en Ceuta y evitar la violación de la integridad territorial de España.