Invasión marroquí en Vilanova i la Geltrú
¿Qué pasaría si 72.000 inmigrantes llegados de Marruecos invadiesen una ciudad costera catalana?
Imaginemos que a finales de julio, aprovechando la operación que lleva a los marroquíes desde su país a Francia atravesando España, Mohamed VI decide darle un aviso a Sánchez para mantenerlo bien atado y sumiso. Marruecos sabe que el presidente español debe la Moncloa a los nacionalistas catalanes, así que decide golpear allí. Con la ayuda de sus servicios secretos organiza en plena canícula un éxodo de 70.000 inmigrantes, que se plantan en solo dos días en la atractiva ciudad costera catalana de Vilanova i la Geltrú, de 72.000 vecinos.
La urbe turística barcelonesa cuenta con bonitas playas, un importante puerto y una larga historia. Jaime I de Aragón, apodado El Conquistador, le concedió su carta de ciudad en el lejano 1274. Villanueva y Geltrú vivió su despegue económico durante el reinado de Carlos III, cuando se benefició del comercio con América, y cuenta con valiosos edificios de toda índole. Pero de un día a otro su fisionomía ha cambiado. Setenta mil inmigrantes vagan por sus calles, casi tantos como empadronados tiene la ciudad. Hay robos, peleas, abusos sexuales, suciedad, problemas sanitarios... La playa de Ribes, la playa del Faro y la playa Larga se han convertido en campamentos repletos de chabolas. Los vecinos tienen miedo. Se sienten inseguros en su propia localidad y sus quejas son constantes.
¿Qué haría Sánchez ante el asalto a una ciudad de una comunidad presidida por un socialista, que además debe su cargo al separatismo? ¿Haría una visita de médico a Vilanova y se largaría presto a esconderse de vacaciones en Canarias? ¿Adularía a Marruecos hasta el sonrojo y contra las pruebas? ¿Diría con toda la pachorra del mundo en una entrevista-masaje en televisión que Vilanova va a continuar invadida al menos «hasta final de año»?
Pues por supuesto que no. Si la ciudad española asaltada hubiese estado en Cataluña, el griterío de Junqueras, Puigdemont, Illa y Orriols sería ensordecedor. El Barça llenaría el Nou Camp de pancartas en solidaridad con la Vilanova invadida. Rosalía, El Último de la Fila y Serrat ofrecerían gratis un concierto masivo de apoyo. Sánchez se instalaría en Barcelona con un gabinete de emergencia y enviaría a Vilanova a la Legión, los paracas y los infantes de marina, plantaría tres fragatas frente al puerto y se procedería a la expulsión inmediata de los invasores que están mancillando la sacrosanta tierra catalana.
Huelga decir que al gobierno no se le pasaría jamás por la cabeza arremeter contra las autoridades locales. No lo harían ni siquiera los ministros de la agreste ganadería de los Óscar. Moncloa y sus tertulianos ensalzarían hasta el empalago «la extraordinaria e incansable labor» del alcalde de Vilanova i la Geltrú, que es del PSC y del president Illa. El PSOE votaría en el Parlamento Europeo a favor de declarar que la ciudad ha sufrido una invasión. Los asaltantes serían expulsados en cuestión de días, por las buenas o por las malas.
Pero es Ceuta. La pasada madrugada cuatro de los invasores apuñalaron a un vecino de la ciudad para robarle. Las agresiones sexuales se suceden, con el gobierno más feminista de la historia silbando. Las playas continúan tomadas, después de que miles se volviesen a ellas tras rocambolesco traslado de algunos inmigrantes al campamento del puerto. El gobierno ni siquiera conoce las cifras reales de invasores y manipula los números constantemente. Sánchez no ha vuelto por allí, ni deja que lo haga el Rey. El Ejército se ve obligado a actuar como una oenegé. La normalidad se vislumbra como un objetivo muy lejano y el Gobierno español ha incumplido de manera flagrante su promesa de que todos se marcharían por donde habían entrado.
Ceuta ha sido traicionada por Sánchez y por su gobierno de incompetentes. Otro gallo nos cantaría si la ciudad española ocupada hubiese sido vasca o catalana… Entonces sí habría medidas rápidas y contundentes, porque no se puede molestar a aquel al que le debes la poltrona. Pero es Ceuta y hasta se permiten la vileza supina de montar una campaña tipo cortina de humo contra Vivas, que está dando la cara y jugándose su salud maltrecha por defender la dignidad de sus vecinos, que es también la de toda España.