El 'Estado oscuro' de Sánchez: sicarios contra jueces y muertos votando
Es lo que ejemplifica el acoso criminal al que han sometido a la juez Beatriz Biedma, instructora de la causa por la que fue condenado su hermano por la Audiencia de Badajoz, a la que la cloaca socialista no sólo buscó su muerte civil, sino que incluso rondó la física al recurrir a sicarios a fin de que le pegaran un buen susto
En su inmensa soledad entre los países occidentales mientras la tiranía marroquí a la que sirve avanza posiciones en el tablero internacional a costa de España, Pedro Sánchez trató ayer de presentar como un plantón a Trump su inasistencia a la recepción del presidente de EE.UU. a los jefes de Estado y de Gobierno que acuden a la Asamblea General de la ONU. Otra maniobra de mecha corta para exclusivo consumo interno de quien, en la última cumbre de la OTAN, claudicó a las exigencias de Trump incrementando de forma ostensible la contribución al presupuesto de la Alianza Atlántica. Ello le valió la felicitación de un sorprendido Trump que aterrizó en Ankara largando pestes contra Sánchez y se fue enviando plácemes a quien ahora finge en contrario, ausentándose de un agasajo donde no debieron echarle en falta. Sin embargo, este gesto de cara a la galería agudizará la debilidad de España con Ceuta invadida por los 80.000 hijos de Mohamed VI, quien lacra su amistad con EE.UU. ante una cercana sucesión en el trono.
Aun así, el trampantojo ha de servirle de poco a quien, lejos de ser la némesis de Trump, es su calco en lo que hace al despotismo a la hora de gobernar y al nulo respeto a los contrapesos de un Estado de derecho. Con su mujer camino del banquillo por prevalerse de su posición para delinquir, luego de haber sido condenados su hermanísimo David Sánchez y su fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, la nueva pantomima no deja de ser otra exhibición de fuegos fatuos en una encrucijada expuesta para quien se conduce no como un presidente democrático, sino como el jefe de una banda de delincuentes. Así quien se manifiesta víctima del 'Estado profundo' para eludir sus responsabilidades ante la Justicia lo auspicia mediante una cloaca que amenaza con liquidar mafiosamente a jueces y adultera elecciones con muertos votando en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) como anticipo de lo que podría sobrevenir con la ley de nietos que ha paralizado el Tribunal Supremo con gran sofoco de La Moncloa.
En esta degradación sin freno, Sánchez sigue la falsilla que manejó para asaltar el PSOE y la Moncloa al mando de un grupo de malhechores, cuyos métodos se emparentan con los de otros países en los que los bandidos dictan las reglas de la política. Es lo que ejemplifica el acoso criminal al que han sometido a la juez Beatriz Biedma, instructora de la causa por la que fue condenado su hermano por la Audiencia de Badajoz, a la que la cloaca socialista no sólo buscó su muerte civil, sino que incluso rondó la física al recurrir a sicarios a fin de que le pegaran un buen susto, luego de un minucioso acecho a ella y a su familia.
Si en el gatuperio de las mascarillas del COVID que hoy tiene en prisión a quien fue su mano derecha en el Gobierno y el PSOE, José Luis Ábalos, la jefa de compras de Puertos del Estado, Aránzazu de Miguel, escribió en un wasap intervenido que, tras esa experiencia, estaba lista para «gestionar el cártel de Cali», si bien esperaba «no acabar en el Manzanares con una losa de hormigón en los pies», las cloacas, a lo que se ve, pretendieron materializarlo con la juez Biedma intercambiando el río madrileño por el Guadiana a su paso por la capital pacense.
En suma, puro gansterismo que no proviene del crimen organizado, sino del partido del Gobierno con la asistencia de los directores generales de la Guardia Civil y de la Fiscalía General que le tendieron alfombra roja a la garduña socialista. Después de fijar precio a la cabeza del hoy coronel Antonio Balas, jefe del Departamento de Delincuencia Económica de la Guardia Civil, para sabotear las indagaciones judiciales sobre el núcleo corruptor que acompañó al presidente del Gobierno en la reconquista del PSOE y en la toma de la Moncloa, otro tanto operaron con la juez Biedma por meter la nariz en el enchufismo del hermanísimo en la Diputación de Badajoz, pero antes con la juez Alaya en el macroproceso de los ERE y en la venta de la mina sevillana de Aznalcóllar.
Aquel audio en el que la fontanera Leire Díez pedía la colaboración del contrabandista de hidrocarburos, Alejandro Hamlyn, presidente de Hafesa y residente en Dubái, para «acabar con Balas», mientras esta aludía a Sánchez como «El Jefe» y confesaba estar a las órdenes de su mano derecha, Santos Cerdán, tuvo su réplica en el «eliminad a Biedma y la Fiscalía cerrará vuestros casos». Ello sintetiza la oferta que, en 2025, los bajos fondos del PSOE trasladaron a sendos clanes de etnia gitana para descarrilar la causa contra el hermano de Sánchez por medio del exmagistrado Luis Sáenz de Tejada, de paso que se le deslizaba el mafioso mensaje: «Nunca subestimes a una persona que no tiene nada que perder».
Eso mismo cabe colegir con un Sánchez que, atrapado entre la espada y la pared de sus horizontes penal y electoral arduamente delicados, parece la X indubitada de este Gal contemporáneo –justificado antaño por él cuando en 1997 acudió por primera vez a un plató en el programa «Moros y cristianos» de Telecinco– para revertir «sin límite» y «caiga quien caiga» el encausamiento de su cónyuge tras utilizar La Moncloa para sus trapicheos. A estos efectos, como verbalizó ayer la ministra portavoz, Elma Saiz, al término del Consejo de Ministros: «Hacer justicia es declarar a Begoña Gómez inocente» por parte de un jurado cuya ecuanimidad depende de que resuelva en favor de la 'consuerte de quien se inviste absolutus legibus, esto es, por encima de las leyes, como el abate Bossuet predicaba en defensa de Luis XIV.
Contrariamente a lo que repite el coro gubernamental, la hija de Sabiniano Gómez, el de las saunas, no ha sufrido ningún «escarnio público absolutamente insoportable», sino la incomodidad de ser igual ante la ley que el resto de los mortales, mientras el gobierno y su cloaca sometían a persecución a los jueces Peinado y Biedma (y antes Alaya). En este sentido, han hecho lo que el juez Falcone, un servidor del Estado en terra infidelium en su cruzada contra la Cosa Nostra, lo que le costaría su asesinato junto a su esposa y a tres escoltas en 1992, pensaba que debía hacerse: «Nunca me he preguntado si debía afrontar o no un problema; sólo cómo afrontarlo».
Por eso, cuando el lastimero Sánchez esgrime al «Estado profundo» o el lawfare sólo ambiciona eximirse de cumplir la ley cuando esta no puede ser condescendiente con quien compromete la integridad territorial, la independencia de la Justicia y la transparencia de las urnas. Con este mendaz propósito, marea la perdiz con numeritos tan ridículos casi como el de su ministro Albares haciéndose filmar en Nueva York mientras se grababa un grotesco vídeo, luego de promocionar en inglés la gastronomía española en México, tras supeditar cualquier ampliación de la Unión Europea a la cooficialidad del vasco, catalán y gallego en Bruselas. ¡Cuánta razón tenía el gran Jardiel Poncela con que hay dos modos de obtener la felicidad: una, hacerse el idiota; otra, serlo! Y pensar que el porvenir de España esté en manos de estos engolados mastuerzos.