Sólo sirve con Sánchez desclasificar el expediente X de su traición
A estas alturas, no sólo se puede creer cualquier cosa con Sánchez, como advierte Page de su secretario general, sino que es capaz de hacerlas un sofista como él cuando reclama un CNI «más sofisticado», esto es, que mire para otro lado, cuando a él y al sultán les convengan
Cuando en la sesión de control parlamentario del miércoles hizo otro ejercicio de «mentira por traslación» espetándole al líder de Vox, Santiago Abascal, que, «a diferencia de usted, yo seré un perro, pero no tengo amo», 'Noverdad' Sánchez rememoraba aquella legendaria pifia que tan cara le costó a Nixon. Fue aquella rueda de prensa en la que, para redimirse ante la Historia, aseveró que él no era un chorizo refrendando las sospechas en sentido contrario de los norteamericanos. Defenestrado del Despacho Oval en 1974, aún había quienes opinaban que Tricky Dick («el tramposo Dick») no engañaba, sino que inventaba la verdad sin alcanzar el punto de pancistas como Patxi López balbuceando el otro día el «Oh, capitán, mi capitán» de la elegía de Walt Whitman a Lincoln.
Empero, el Galgo de Paiporta (y de todos aquellos problemas de los que huye) no puede quejarse de que le llamen «perro» cuando hizo marca electoral de ello en los comicios de 2023 con su Perro Sanxe e incluso lo registró en la Oficina de Patentes y Marcas. Pero, además, Perro Sanxe no es que tenga un amo, sino varios como certifican quienes le tiran de la correa fuera y dentro de España. En suma, hay que exclamar: ¡Varios amos tienes, Sánchez, y perro ya te manifestaste!
Valiéndose de su obediencia, dan rienda suelta a sus apetencias expansionistas y separatistas. Unos mutilando una parte de España como Ceuta y los otros disgregándola de paso que las alimañas terroristas se benefician de medidas de gracia que blanquean a ETA como si las victimas fueran los asesinos en vez de sus miles de martirizados. Si el expresidente Zapatero, hoy imputado por corrupción, se valió del «puñal del godo» del magistrado López Guerra para liquidar en el Tribunal Europeo de Estrasburgo la «doctrina Parot» del Tribunal Supremo –la reducción de la pena por beneficios penitenciarios se aplicaría a todas las condenas, y no al máximo de 30 años en prisión–, Sánchez permite, por medio de su consejera socialista vasca, María Jesús Sanjosé, que Henri Parot, reo de 4.800 años a través de 26 sentencias, sólo duerma entre rejas después de indultar y amnistiar antes sus socios golpistas catalanes.
No por casualidad, el peón de brega de las deserciones de Sánchez es el réprobo Marlaska. En función de ello, este esclavo moral suyo recibe los vítores de los invasores de Ceuta y de los matarifes de ETA, mientras los invadidos caballas le muestran su rechazo al igual que las víctimas de los terroristas. No en vano, en lo que hace a Ceuta, ha convertido la ciudad en un centro de estancia permanente de ilegales que Marruecos usa como quinta columna tras su 'Marcha Azul' del 30 de julio por la que 80.000 nadadores irrumpieron en la ciudad y ha entregado las llaves de las celdas a los etarras luego de transferirlos al País Vasco.
A fin de exonerar a Marruecos y de hacer invivible la ciudad, Marlaska ha deambulado de que «las cosas suceden a veces y no implican responsabilidad de nadie», a fin de rebatir las evidencias del informe elaborado por la Comisaría de Extranjería de Policía Nacional (Cenif) a instancias de la jueza Tardón, a tildar de «sentimiento de inseguridad subjetiva» las agresiones y violaciones registradas hasta desembocar en que los ceutíes deben hacer suya lo que Sánchez determina ahora como «realidad estructural». Después de prometer que devolvería a Marruecos a quienes perpetraron esta «violación de la integridad territorial», según verbalizó en su viaje exprés a Ceuta para luego irse a descansar a La Mareta, estos hijos de Mohamed VI ya «no son invasores» para él albergándolos en las 6.000 nuevas plazas de acogida que el Gobierno construye con carácter permanente «para asumir esta realidad».
Pero «esta realidad» no parece ser otra que Sánchez ha entregado Ceuta y Melilla como antes el antiguo Sáhara español, a raíz del hackeo de su teléfono móvil por los servicios secretos marroquíes. A estos efectos, prepara su reemplazo poblacional mediante la correspondiente «operación salida» que reubique a sus naturales en la Península y los sustituya por colonos marroquíes. Una rendición a la política de hechos consumados por la que Marruecos desplaza su raya fronteriza y Gibraltar le come terreno a España sin que el Gobierno diga esta boca es mía entretenido Albares en imponer la cooficialidad del vasco, el catalán y el gallego en la Unión Europea supeditando a ese «sine qua non» la ampliación del club.
Con tal postración, hay que insistir en el peligro que encierra la visita-trampa que el Gobierno le está urdiendo al Rey a Ceuta después de no haberle permitido acometerla con la prontitud exigida tras la vulneración de su integridad territorial. Si Churchill, como gran detractor de la política de apaciguamiento del primer ministro Chamberlain contra el hegemonismo de Hitler, opinaba que el tiempo era más importante en política que en gramática, Felipe VI puede ser instrumentalizado para sancionar de facto el entreguismo de Sánchez con Mohamed VI en vez de preservar la integridad territorial frente al irredentismo alauita. Ya le acaeció a su padre con la «Marcha Verde» y el Sáhara siendo don Juan Carlos Jefe de Estado interino por la agonía del general Franco y puede ocurrirle a don Felipe.
A estas alturas, no sólo se puede creer cualquier cosa con Sánchez, como advierte Page de su secretario general, sino que es capaz de hacerlas un sofista como él cuando reclama un CNI «más sofisticado», esto es, que mire para otro lado, cuando a él y al sultán les convengan, y, en caso de apuros, soporte que le vuelque encima su basura. Justo como opera al haberle salido el tiro por la culata de la semidesclasificación de 40 papeles y comunicaciones del CNI sobre el asalto a Ceuta al comprobarse que sí hubo información previa, sí hubo comunicaciones y sí existieron avisos sobre una posible irrupción, y de que todo lo cual se hizo partícipe a los servicios secretos de aquel país que, estando al corriente como promotor, dejó la cosa correr, al igual que un Ejecutivo español que persiste en echar la culpa al maestro armero.
Al patentizarse que el CNI informó el 29 de julio del rugido de la marabunta, aunque La Moncloa le recrimine su «ambigüedad» y no elevar sus mensajes más allá de un «cargo menor», lo que Sánchez vendió como «transparencia absoluta» en su recurrente estrategia de «patada y balón seguir» se ha revelado antes de lo previsto en «tramparencia». Tal gatillazo ha resultado propio del personaje de dibujos animados «Pierre Nodoyuna» que, tras cada metedura de pata, la tomaba con su can de risa asmática y bufaba contra él con marcado acento francés: «¡Rayos! ¡Maldición! Sacre Bleu! ¡No hay deguecho!», a la par que le ordenaba: «¡Haz algo, Patán!».
Cuando Sánchez apela a la trasparencia nunca es para iluminar nada, sino para deslumbrar cegando los ojos del que mira. A este respecto, mejor no llamarse a andana porque, en España, para desenmarañar tantas cosas incomprensibles como pasan sin parangón en Europa, sólo sirve desclasificar a Sánchez para despejar de una vez el expediente X de su abierta traición a España. Entre tanto, citando a Juan Ramón Jiménez, hay que exclamar «la transparencia, Dios, la transparencia».