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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

La ministra tres veces carroñera

Ah, ¿no lo sabían? Doña Isabel es triplemente carroñera si atendemos al modo en que calificó a Urbagestión: «pyme buitre, muy carroñera». Puesto que esa empresita tiene una vivienda, ¿qué es Isabel Rodríguez teniendo tres? Tres buitres. Sé que sorprende: con una ya eres buitre

Me pasa como a la ministra de Vivienda, tengo un cacao tremendo. Ya nadie podrá culpar al prójimo de no conocer el marco jurídico de la cosa casera. «Fíjese el lío que tenemos que ni la principal responsable sabe nada. Pero nada de nada. Cero». Y con eso sales del paso si tienes que examinarte ahora de la narcótica materia. No como cuando estudiábamos Derecho de verdad, cinco años y mucha memoria. Puesto que esta última no sirve para nada según la pedagogía analfabeta contemporánea (que tendrá razón, quién soy yo para discutírselo), los exámenes deberían hacerse con el libro al lado. Qué digo libro, ¡con Grok delante! Y toda la clase consultando al gran repositorio de los datos en un coro confuso, como de pájaros asustados.

En cuanto a la ministra y su insólita comparecencia, en la que aportó… nada, cabe subrayar que su bloqueo no habría cambiado aunque tuviera a su disposición un robot con su aspecto, potente, conectado a toda la información jurídica de España, ríete de Aranzadi. Porque lo cierto es que, en el momento en que le preguntaban por las nuevas normas del habitar, estas eran desconocidas. No había fuente, no es que ella traspapelara nada. Quiero que valoren en su justa medida esta circunstancia, puesto que los decretos salieron del gobierno al que la dama pertenece. Es más, no son asuntos que escapen a su departamento: son su clara, directa e ineludible responsabilidad.

Hasta aquí, los trazos iniciales de un dibujo que quisiera representar la seguridad jurídica en España. Gran ordalía. Sigo inquiriéndome sobre el sentido de convocar una rueda de prensa cuando sabes qué preguntas te van a hacer, y también sabes que no sabes nada, como el alopécico (de Alopece). Yendo allí, Isabel Rodríguez bebió la cicuta. Eso infunde respeto, lo que se hace algo incómodo al mezclarse con el descojone que provoca lo de «tengo un cacao». A mí ella, en lo personal, siempre me cayó bien. Luego, si se hace ministra de Sánchez, ya no respondo. Qué menos que glosar la inconcebible escena de la gobernanta. Entiéndase en dos sentidos: señora que gobierna y persona que, supongo, supervisará lo de sus casas.

Ah, ¿no lo sabían? Doña Isabel es triplemente carroñera si atendemos al modo en que calificó a Urbagestión: «pyme buitre, muy carroñera». Puesto que esa empresita tiene una vivienda, ¿qué es Isabel Rodríguez teniendo tres? Tres buitres. Sé que sorprende: con una ya eres buitre. Pobre rapaz, es mujer risueña, agradable. Salvo para los dueños de Urbagestión, claro. Nos alarma y nos duele que se haya sumado al asesinato civil de quien no solo ha cumplido la ley escrupulosamente, sino que ha tenido una paciencia de Job con la suertuda Maricarmen. Esa que ha pasado la vida en una de las zonas más caras de España pagando precio de choza. Primero gracias a Franco; luego, gracias a la infinita bondad de una pyme. En cuanto se aclare el cacao, seguimos con el tema.

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