Fundado en 1910
LiberalidadesJuan Carlos Girauta

¡Adiós!

Sánchez se va porque para gobernar se requiere más que odio. Quizá se vengue de Junts privando a Puigdemont de su amnistía con una llamada a Pumpido. Ya ves qué disgusto

Se acabó lo que se daba. La resistencia del manual era un ectoplasma, o una alucinación de Irene Lozano, como sugerimos ayer. Advirtamos primero a los pesimistas profesionales que no se nos escapa nada: sabemos por qué convoca, sabemos la que piensa liar y cómo. Me sigue sorprendiendo que algunos colegas, por lo demás inteligentes, hayan interiorizado la leyenda de infalibilidad del autócrata. En este fenómeno se deben reforzar dos accidentes, sin que los fuegos de artificio resultantes guarden la menor relación con la realidad. A saber:

Por un lado, la larga y dolorosa resaca del error Michavila, cuando los ministros que nunca lo serían estaban ya ofreciendo puestos a directores generales que lo serían menos. Por otro lado, ese mal típico de la derecha española que tanto urge curar: el fatalismo, el «nada sirve nunca de nada». El error Michavila no va a repetirse, pero lo del fatalismo exige una reflexión. Es lo mínimo que podemos pedirles a los jeremías y a los aguafiestas. Mirad, amigos, la vida es muy dura; los malos y los males son múltiples. Pero la política en democracia depende mucho de las profecías autocumplidas. También la vida personal, hacéoslo mirar. Pero ahora estamos a lo que estamos: enterrar el sanchismo bajo una losa eterna y salvar la patria.

Sánchez no tiene ningún futuro porque lleva un juego penoso. Le queda el farol, que en su caso incluye transmitir a la población la sensación de que, si gobierna la derecha, España será peligrosísima. O sea, está trabajando también su profecía autocumplida, urdiéndola, empujándola, avalándola. Pero seamos realistas: en España gobierna aquel que puede obtener una mayoría suficiente, por mucho miedo que Sánchez traiga bajo el brazo como un bebé siniestro y final. No le tuvimos miedo al moro, al turco ni al francés. ¿Se lo vamos a tener al yerno del proxeneta, al de la tesis doctoral plagiada, al de en medio de Los Chichos de la banda del Peugeot? ¡Anda ya!

El próximo gobierno va a ser una coalición de PP y Vox porque eso es lo que quiere el pueblo español, como indican de manera insistente las encuestas. Nadie aguanta una legislatura sin presupuestos, con el tipo que defendió la moción de censura originaria en el trullo, con su otro secretario general pillado, con Ceuta invadida, con la esposa a punto de juicio, con el hermano condenado y la juez que entendió de su caso amenazada de muerte por las cloacas del PSOE. Por cierto, en «cloacas del PSOE» hay un pleonasmo. Es como decir «chiquero de pocilga».

Sánchez se va porque para gobernar se requiere más que odio. Quizá se vengue de Junts privando a Puigdemont de su amnistía con una llamada a Pumpido. Ya ves qué disgusto. En la Diputación Permanente convalidarán algún decreto ley sobre vivienda y Sánchez se presentará como escudo contra la crisis que él mismo ha provocado. ¿Y qué? Nada más fácil para las próximas Cortes que derogar esa norma demagógica, nociva y de dudosa legalidad.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas