No es un genio, es el yerno del proxeneta
Sánchez no es un genio, es un delincuente de bajo nivel. Nada más. Y si el cociente intelectual de la población española no es lo mínimamente elevado para darse cuenta de ello y, por el contrario, es más cercano al de Haití, lo suyo es que España se convierta en Haití
Anunciaba, por fin, Pedro Sánchez la convocatoria de elecciones anticipadas. La fecha escogida es el próximo 29 de noviembre. No tardó la derecha española, víctima del síndrome de Estocolmo, en exhibir un gran temor porque ¡es un genio! ¿Qué tendrá guardado el yerno de un proxeneta bajo la manga? ¿Qué gran plan tiene para revalidar el poder? ¡No, por Dios, elecciones no! Les faltó anunciar que no se presentaban a las elecciones porque ante un genio de semejante envergadura no hay nada que hacer.
Y es que durante años la derecha ha comprado el marco mental que asegura que Sánchez es un genio. Seamos serios. Sánchez es el típico que le vendería un boleto falso de la lotería a un síndrome de Down. Ante eso, uno, como es lógico, diría que es un canalla, un malnacido, un delincuente, un indeseable, el yerno de un proxeneta, es decir, Sánchez. Pues no, la derecha ve eso y dice: ¡Qué tío más listo! ¡Es un animal político! ¡Genialidad! Lo cierto es que nada tiene de genialidad aprovecharse de los más débiles.
Permítanme que dude de la genialidad de un tipo al que le han metido en la cárcel a su principal hombre de confianza, a su mano derecha, al que custodiaba sus avales, su hermano condenado, su mujer desfilará por los tribunales (si no se fuga antes), él mismo con un pie en la celda, con el partido al borde de la imputación por financiación ilegal, toda su trama de las cloacas destapada, su poder residía en lo que dijera un prófugo de la justicia, todas sus políticas sometidas a lo que diga un sátrapa marroquí y en cada elección baja escaños. ¿Eso es un genio? ¿De verdad?
Sánchez no es un genio, es un delincuente de bajo nivel. Nada más. Y si el cociente intelectual de la población española no es lo mínimamente elevado para darse cuenta de ello y, por el contrario, es más cercano al de Haití, lo suyo es que España se convierta en Haití. Confiemos en que no sea así. Para ello convendría mostrar un mínimo de orgullo y exhibir superioridad moral ante una banda mafiosa absurda que simplemente produce arcadas.