El retorno del yerno de un proxeneta
Nadie en su sano juicio daría las gracias al invasor, acogería en su seno a los invasores, les daría el dinero de los españoles y renunciaría a señalar al enemigo principal de la nación que gobierna
Regresaba el yerno de un proxeneta que tenemos como presidente del Gobierno y lo hacía en su línea. La vestimenta, propia de un hortera macarra, ya bastaría para desalojar del poder a semejante fantoche, pero en la España moderna caló la estúpida idea de que los prejuicios son malos. ¡Ay, cuantas desdichas nos habríamos evitado si la sociedad tuviera unos prejuicios bien afinados!
Lo más divertido de la entrevista fue comprobar, una vez más, como muchos analistas trataron de dar las claves políticas de forma absurda a las respuestas del hortera. Todo es mucho más sencillo: la invasión marroquí obedece a la convicción de que Sánchez no va a mover un dedo ni por los ceutíes ni por los españoles ni tan siquiera por defender el territorio de España. ¿Por qué? No porque políticamente a Sánchez le interese, sino más bien porque está pillado por el Rey Mohamed VI.
Conviene recordar que Sánchez es el yerno de un proxeneta y su mujer la contable de los prostíbulos de papá. A ello debemos sumarle que sabemos que su teléfono móvil fue infectado por Pegasus y —no hace falta ser muy listo— es más que probable que Marruecos accediera al contenido de éste. A partir de ahí, Sánchez lo único que hace es seguir las directrices de Marruecos para que no revele sus sucios orígenes y todo un país está sometido a los intereses particulares de un chiflado del más bajo nivel.
Y es que nadie en su sano juicio daría las gracias al invasor, acogería en su seno a los invasores, les daría el dinero de los españoles y renunciaría a señalar al enemigo principal de la nación que gobierna. De hecho, nadie se prestaría a sufrir semejante bochorno si no es para evitar uno mayor. ¿Qué puede preocupar a Sánchez más que ser un traidor a la patria? Fundamentalmente quedar como el beneficiario del mercadeo de seres humanos de los prostíbulos del suegro. Su ejército de charos teñidas de azul y funcionarios desaliñados de Malasaña prefieren vender España antes que reconocer que «su presi» está ahí gracias al dinero de la prostitución y el fraude electoral. Esos cómplices son lo que Sánchez necesita mantener para dar su último golpe: instaurar una república bananera en España.