La miseria 'cool'
No debemos olvidar que el «progresista» necesita el empobrecimiento generalizado para que su envidia y mediocridad se sienta acompañada en su covacha mientras devora algún bodrio en Netflix. Ser pobre no tiene nada de heroico, sino más bien de trágico
Los audios del comité federal de la PSOE no han dejado ninguna sorpresa. Page fingiendo oposición y los compañeros de la banda de Sánchez cerrando filas en torno al gran líder. Todo ello entraba dentro de lo esperable. De igual forma, las razones de Sánchez para anunciar su intención de seguir tampoco presentaron una gran novedad. El yerno de un proxeneta afirmaba: «España está mejor que en 2018 gracias a un gobierno progresista». Lo hacía refiriéndose a términos económicos y, asegurando, que los datos así lo demuestran.
Vamos a suponer que uno no sabe nada de datos macro y micro. Vamos a suponer que uno no tiene ni idea de economía. Vamos a suponer que, simplemente, la mera observación y la realidad es lo único que conoce. ¿Qué nos encontramos? Pues lo que nos encontramos es una juventud sin esperanza y sin futuro. Una sociedad cada vez más empobrecida que ha aceptado, ese es el gran problema, que no tener ninguna capacidad de ahorro ni ninguna perspectiva de futuro es lo normal. ¡Hasta tener un coche es un lujo ahora! Esta miseria es abrazada por la mayoría de la sociedad como así ocurre en países mucho más pobres que el nuestro. Basta visitarlos para darse cuenta de lo rápido que el ser humano se acostumbra a vivir en la miseria más absoluta.
Sin embargo, en España esa miseria ha sido enmascarada con tintes de pobreza que aseguran ser cool. Mientras las generaciones pasadas consideraban progresar mejorar su situación laboral, aumentar sus ingresos –trabajando duro no reduciendo la jornada laboral–, tener una casa en propiedad e incluso hacerse con una segunda vivienda, ahora nos enfrentamos a una miseria que tratan de disimular con ridículos nombres como coliving, coworking, nesting y un sinfín de absurdos términos. Lo cierto es que no tiene nada de progresista compartir piso a cierta edad, no poder tener tu propio espacio de trabajo, no tener un coche, darse duchas de agua fría, no comer carne o tener que vestirse con ropa de segunda mano. Eso no es progreso, sino más bien retroceso. ¡Incluso algunos tratan de vender como un gran éxito ir en bicicleta!
Sánchez ha entendido que la sociedad abraza estos cambios indeseables sin rechistar permitiendo, así, que la miseria cool cada vez cuente con más adeptos. No debemos olvidar que el «progresista» necesita el empobrecimiento generalizado para que su envidia y mediocridad se sienta acompañada en su covacha mientras devora algún bodrio en Netflix. Ser pobre no tiene nada de heroico, sino más bien de trágico.