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En libertadJano García

En defensa de los prejuicios

Empecemos por Óscar Puente. Uno lo ve y piensa lo que piensa. Lo llamativo sería que el ministro se comportara de forma sutil, tuviera un lenguaje refinado y actuara con mesura. Lo normal, viendo su rostro, es que se comporte como un animal respondiendo al primer estímulo

En el mundo actual los prejuicios son vistos como un concepto negativo. Al menos, así se nos ha dicho en numerosas ocasiones. Niego la mayor. Los prejuicios, al contrario de lo que sostiene el mundo de lo políticamente correcto, son una tabla de salvación en la que la humanidad se ha refugiado para sobrevivir. A fin de cuentas, los prejuicios nacen de la tradición heredada de siglos y siglos que, tras lidiar con según qué rostros de siniestros personajes, obtienen la misma conclusión.

En la inmensa mayoría de ocasiones, el rostro humano es un mapa moral. Dios, en su infinita bondad, decidió colaborar con la complejidad de las sociedades humanas dándonos pistas para hacernos la vida más agradable. Desafortunadamente, no se le hace caso. Pongamos varios ejemplos para ilustrar la idea.

Empecemos por Óscar Puente. Uno lo ve y piensa lo que piensa. Lo llamativo sería que el ministro se comportara de forma sutil, tuviera un lenguaje refinado y actuara con mesura. Lo normal, viendo su rostro, es que se comporte como un animal respondiendo al primer estímulo, con andares simiescos y brutas formas. Qué decir de Patxi López. Uno lo mira y acto seguido piensa: «Este tiene que desgravar seguro». Cuando abre la boca confirma todas las sospechas. Óscar López cumple el mismo patrón. Mónica García, por ejemplo, si uno la ve sabe que ese rostro amargado, esa boca torcida, esa mirada perturbada y esa grasa en el pelo indican que es una mujer frustrada —como todas las feministas— y que su único anhelo es hundir en su misma miseria al resto de la sociedad. Cuando habla, una vez más, confirma lo obvio.

Otro ejemplo, fuera de la política, lo podemos encontrar en la imagen viral de Vinicius y su novia. Lo sorprendente habría sido que Vinicius fuera acompañado de una mujer elegante, refinada, educada, culta y guapa. Lo que le pega, lo que los prejuicios nos señalan, es que acuda con una hortera del máximo nivel. ¡Mira! ¡Ahí va Vinicius con Kate Middleton! Hombre, pues como que no. Lo que habría sido escandaloso es que Xabi Alonso, Rafa Nadal o Roger Federer se hubieran plantado con semejante compañía en un circuito de F1.

Y es que todos ellos en su rostro portan dibujada con una meticulosa precisión la naturaleza de su alma. ¡Cuántos males se ahorraría la humanidad si hiciera caso a Dios y a los prejuicios! Qué bien nos iría si viviéramos en una sociedad con los prejuicios bien afinados…

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