Ceuta: pan para hoy y hambre para mañana
Hemos conseguido superar la tan manida conspiración judeomasónica con la que nos martilleaba el general Franco y ahora hemos llegado a lo nunca visto: la conspiración «morojudeomasónica». No paramos de mejorar
Hay momentos de la vida, de las circunstancias de nuestra nación, en que parece muy difícil, pero todavía tenemos ocasión para una alegría infinita. Confieso que sé que soy de lágrima fácil. Pero no tengo el más mínimo inconveniente en reconocer que ayer me emocionó ver a los Reyes rodeados de la multitud en Ceuta con un calor inigualable. Ojalá pudiéramos ver en muchas ciudades de España a Sus Majestades recibidas como lo fueron ayer en nuestra ciudad africana. Pero, también es verdad que, gracias a Dios, siendo mala la situación de la España peninsular, no hay ninguna localidad sometida al oprobio que vive hoy Ceuta. Porque, aunque intenten convencernos de que la situación ha mejorado mucho, la realidad en términos de gestión creo que es mucho peor de lo que era.
Como bien ha contado Almudena Martínez-Fornés en El Debate, el Gobierno no ha «limpiado» las playas de Ceuta para que los Reyes no vieran lo que había allí. Las han limpiado para que los medios de comunicación extranjeros que acompañaron la visita regia no pudieran difundir mundialmente lo que allí había. Mas ahora hay otra realidad. Casi todos los que estaban en esas playas no han vuelto a Marruecos. La inmensa mayoría siguen en otros lugares de la ciudad autónoma. En las colinas que rodean la ciudad, en los túneles o en pisos patera. De donde será aún más difícil sacarles. Pan para hoy –ante la prensa internacional– y hambre para mañana.
Pero eso no deja de ser una alegría en cuanto hemos visto a los ceutíes, casi hasta el último de ellos, salir a las calles a aclamar a los Reyes que han mantenido una sonrisa, ambos, casi ininterrumpida. Que han recorrido apenas trescientos metros en los que han dedicado media hora a saludar y escuchar –aunque sea brevemente– a un pueblo necesitado de cariño y al que se ha maltratado desde hace dos meses y medio.
Confieso que no tengo claro qué hay detrás de que el Gobierno desvelara el lunes por medio de El País la presencia de naves de guerra marroquíes en aguas españolas el 30 de julio. Es un reconocimiento desconcertante. Porque, una vez más, se demuestra que nos mienten sin pudor ninguno. ¿No nos dijo Sánchez el 3 de septiembre en las Cortes Generales que detrás de la que llamaba «crisis humanitaria» de Ceuta estaban Israel y Rusia? Entonces ¿la «crisis humanitaria» la provocaban coordinadamente Rusia, Israel y Marruecos? Hemos conseguido superar la tan manida conspiración judeomasónica con la que nos martilleaba el general Franco y ahora hemos llegado a lo nunca visto: la conspiración «morojudeomasónica». No paramos de mejorar –y disculpen mi insistencia, pero me reconocerán que tengo razones para perseverar.
Yo creo que ayer fue un día importante para España. En un momento de enorme crisis y descomposición política, los ceutíes casi unánimente encontraron un factor de unidad en la Corona. Y los Reyes fueron allí a darles su apoyo de la forma más explícita que pueden hacerlo. Al mandilón Ángel Víctor Torres no le quedó más remedio que aceptar sonoros abucheos cuando se unió a los Reyes en el balcón de la Asamblea, frente al delirio popular en apoyo de Don Felipe y Doña Letizia. Que cada cual saque sus consecuencias.