De pijilla a pijaza
En mis tiempos juveniles, y me excuso si recuerdo una realidad incuestionable de aquella época, las «niñas bien» de Madrid que salían feas, se hacían de izquierdas. Y de Barcelona, San Sebastián, Bilbao y Sevilla. Y eran mucho más apasionadas en su izquierdismo que las militantes del PSOE o del PCE
Sánchez está preocupado –ésta vez sí, y de verdad-, con Yolanda Díaz, la vicepresidente comunista. Se dice que en esas encuestas que no hace nadie y nadie se las cree, es la política más valorada, y que se va a llevar en las próximas elecciones decenas de miles de los votos socialistas.
Creo que se exagera. Lo mismo que entre los bomberos ninguno pisa la manguera de otro, entre pijos las reglas son igualmente estrictas. Sánchez es un pijo hortera, y Yolanda es una pijilla en crecimiento. Le gusta tanto el poder estrenar trapos cada día, que con toda probabilidad puede terminar formando parte del Consejo de Administración de un Banco, una compañía eléctrica o una gran empresa de cualquier sector. Tengo para mí, que su época de comunista está tocando a su fin, y me alegro por ella. Sus sonrisas a Garamendi son mucho más expresivas que las carantoñas que le dedica a Sánchez.
En mis tiempos juveniles, y me excuso si recuerdo una realidad incuestionable de aquella época, las «niñas bien» de Madrid que salían feas, se hacían de izquierdas. Y de Barcelona, San Sebastián, Bilbao y Sevilla. Y eran mucho más apasionadas en su izquierdismo que las militantes del PSOE o del PCE. Al cabo de los años, cuando les tocaba heredar, moderaban sus entusiasmos estalinistas. Puedo citar a más de treinta, y no lo hago por respeto a sus intimidades. Ahora son unas señoras menos feas que antaño y más ricas. Además, que la fea mejora con los años, como los feos.
Yo, sin ir más lejos, era feísimo, y ahora en la ancianidad, me dicen cosas muy agradables las mujeres. El problema es que no soy rico, pero tengo la suerte de poder seguir trabajando. Nada es más provechoso que ser comunista en una sociedad libre. Queda muy bien hasta en el fornicio. Y por lógica, a un varón comunista, le pone más una pijilla atractiva y educada en colegio de monjas, que una fea comunista sin convicciones y exclusivamente entregada a la causa obrera por sus escombros estéticos. Y Yolanda Díaz es una pijilla atractiva, que ha conocido demasiado tarde el agradable apoyo muelle de las alfombras de la Real Fábrica de Tapices, el coche a la puerta, los gastos en trapos justificados por el cargo que desempeña, y esas ventajas que concede el desempeño del poder político. Sánchez es mucho más paleto y hortera que la Díaz, y además está casado, y aunque no lo crea tiene un futuro político muy condicionado. La Díaz no le va a quitar votos. Yolanda Díaz terminará en la Junta directiva de «El Rastrillo». «Qué tal, qué tal, esto es muy divertido, fenomenalll».
Así como Sánchez, cuando deje de ser presidente del Gobierno, habrá que ayudarle con algunas puertas giratorias de alto copete, ella se buscará la vida como pijaza. Es más, hasta podría darse que el marido empresario de Yolanda Díaz fuera el propietario de la puerta giratoria de Sánchez. Porque ella – y tengo experiencia en la valoración de miradas cuando todavía no eran delito- mira a los grandes empresarios con una intensidad arrasadora, y ese empresario que se pasa el día intentando sacar adelante su empresa y pagar a fin de mes miles de nóminas, se topa con una sonrisa de la tucana y puede perder la cabeza. Como los gustos son muy personales, adelanto que me encantan las mujeres con napias exageradas.
Demuestran personalidad. Las chatas respingonas no ofrecen esos perfiles inquietantes.
A Yolanda Díaz le queda de ser comunista lo que le reste de tiempo en el Gobierno. Ya lo decía la marquesa de Fuentefría en «Los Extremeños se tocan», comedia musical sin música – genial absurdo- de don Pedro Muñoz-Seca.
Soy española, soy de Almería,
Soy lo más alto de la elegancia,
Me calzo en Roma, me visto en Francia,
Me hago las manos en «Madam Nick»,
Y tengo un Bentley. Un Nash y un Buick.
Y que se rasque, y que se rasque a quien le «pic».
Más o menos, que consultarlo me da pereza.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 16 de octubre de 2021