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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

En helicóptero hasta para ir al baño

Si los Reyes hubiesen viajado a Oliva habrían recorrido las zonas devastadas escuchando a los vecinos, pero Sánchez se blindó en una exprés, y ni así...

La reacción ante los imprevistos retrata lo que las personas llevan dentro. El 8 de julio de 2021 afloró por primera vez el grado de valor de Sánchez. Ese día, el presidente español y el lituano, Gitanas Nauseda, ofrecían una rueda de prensa en un hangar de una base aérea de la OTAN, cada uno tras su atril. En medio de las intervenciones, saltó una «alerta Alfa» por la presencia de dos cazas rusos sobre el Báltico. Nada más conocerse la emergencia, un agilísimo Sánchez recogió raudo sus papeles y huyó a ritmo de campeón olímpico de marcha atlética. Sin mirar atrás, el Galgo de la Moncloa dejó plantado a su homólogo lituano, que mantenía una perfecta calma en su puesto.

¿Fue solo una anécdota irrelevante, o era el retrato de un cobarde? El 3 de noviembre de 2024 llegó la confirmación de lo segundo. El afamado Galgo de Paiporta -algunos biólogos prefieren hablar de conejo- dejó tirados a los Reyes y a Mazón frente a una airada protesta vecinal y escapó presto al refugio de su berlina blindada.

Ahora ha llegado la desgracia de otra dana y Sánchez ha tenido el acertado detalle de visitar Oliva, donde han muerto dos personas y han sufrido graves destrozos. La pena es que lo haya hecho a su manera: visita exprés y un blindaje a lo Kim-Jong-Un, a fin de esquivar a los afectados.

Oliva es una localidad de 27.000 habitantes al sureste de la provincia de Valencia. En la última esquina del pueblo, allá donde acaba y empieza el campo, se encuentra la jefatura de la Policía Local. Está rodeada de secarrales y con un polideportivo a su vera. Para evitar al público, el helicóptero de vuecencia aterrizó a solo unos metros de esa comisaría donde se vio con las autoridades.

Frente a la fachada de edificio, Sánchez efectuó una breve declaración para las televisiones, que es para lo único que fue allí. El presidente más divisivo de nuestra democracia demandó un pacto de Estado contra «la emergencia climática». Por supuesto no hubo apunte alguno sobre que en sus siete años de mandato no ha invertido un patacón en obras hidráulicas para intentar aminorar los efectos de las gotas frías.

Un severo cordón policial alejaba a los vecinos de carne y hueso a una distancia muy considerable, a fin de evitar que el candidato del PSOE fuese perturbado por los humores del vulgo. Pero incluso así, las presidenciales orejas no pudieron evitar escuchar el vocerío habitual, que lo insultaba en idénticos términos a los del Desfile del 12 de octubre y a los coreados ese día por todo el graderío de Las Ventas.

Si los Reyes, o cualquier otro político, hubiesen viajado a Oliva, habrían hecho lo que todo dirigente normal: visitar las zonas castigadas y tratar de confortar a los vecinos escuchándolos y hablando con ellos. Para Sánchez algo así se ha vuelto misión imposible. Sabe que no puede pisar una calle y tiene miedo del termómetro del pueblo. El 12 de octubre cayó en la chiquillería de esconderse en su berlina para hacer tiempo y acordar así el abucheo. En Oliva poco le faltó para llegar con su helicóptero hasta el baño.

Por supuesto el gran narcisista achacará los abucheos que recibe en todas partes a una «conjura ultra» y su corte de pelotilleros le dará la razón. Pero la situación es reveladora de lo mucho que algunos mandatarios de este Gobierno han logrado agotar la paciencia de los españoles.

Falta sentido y falta sensibilidad. ¿Quién puede simpatizar con un mandatario que mantiene como ministro a un energúmeno sin entrañas, un animal que se dedica a hacer chistes sobre accidentes de trenes en un anuncio promocional de un cómico de La Sexta? Puente se troncha bromeando sobre la situación ferroviaria en una tele amiga cuando sobre la mesa de su despacho pesan los 46 muertos de un horrible accidente de tren, provocado por su pésimo mantenimiento de la infraestructura.

A veces pienso que todavía los abuchean poco en proporción a los méritos contraídos.

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