Fundado en 1910
Perro come perroAntonio R. Naranjo

¿Marea Verde?

Las broncas callejeras tienen tanto que ver con la vivienda o la educación como CCOO y UGT con los parados y necesitados

La educación tiene muchos problemas, pues es el reflejo de una sociedad en crisis profunda de autoestima y memoria, pero ninguno de ellos le preocupa a la llamada «Marea Verde», un movimiento político que, de representar de verdad a los docentes, obligaría a sacar de los colegios a todos los niños por su propia integridad intelectual.

Los profesores son felizmente otra cosa, aunque con ellos ocurre como con los trabajadores, los vecinos, los desfavorecidos y cualquier otro colectivo numeroso: siempre aparece una organización para vampirizar el problema de fondo, manosearlo con fines sectarios y ponerlo al servicio de quien genera ese ecosistema de falsos representantes de amplios grupos demográficos.

La izquierda siempre ha sido en esto más ducha, y menos pudorosa, que la derecha, y nunca ha tenido problema alguno en cuidar a sus ejércitos de agitadores, con los sindicatos a la cabeza: Unai Sordo y José Álvarez son meros delegados de Pedro Sánchez que son a los trabajadores lo que los programas de TVE a la información, en ambos casos regados con dinero público hasta extremos suntuarios: CC.OO. y UGT llevan ingresados en estos años de sanchismo cerca de 600 millones de euros. Y ya saben que quien paga manda y por eso solo han saltado a las calles cuando el patrón ha tocado el pito.

Pero al menos ellos no pasan de la agitación tradicional, con un cierto respeto a las reglas del juego, cada vez más difuminadas por la acción de un sátrapa besucón, mal bailarín y peor político que tiene claro que en su pulso con la democracia solo puede sobrevivir uno de los dos.

No ocurre lo mismo con los radicales afrancesados que, al calor del fuego agitado por el PSOE con la vivienda o las pensiones, han visto la oportunidad de salir de su lugar natural, los váteres pintarrajeados en facultades e institutos tomados por maestros como Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, dos burgueses disfrazados de proletarios.

A medio camino entre unos y otros aparece la «Marea Verde», que siempre irrumpe en septiembre preocupadísima por la educación que, durante los tres meses estivales, no ha merecido su atención: mira que es fácil aprovechar ese largo asueto para reflexionar sobre un asunto crucial, pero por lo que sea prefieren siempre disfrutar de unas vacaciones inalcanzables para el trabajador corriente y no digamos el autónomo.

Este año se le ha juntado la habitual vuelta al colegio, tan ruidosa como bronceada, con la convocatoria electoral de Sánchez y el asalto a la Puerta del Sol, en un totum revolutum en el que conviene no estigmatizar a todo el mundo, desde luego, pero mucho menos ignorar la presencia en todos estos aquelarres de grupos radicales más propios de Limoges que de Madrid.

¿Qué pintan los supuestos profesores con esas compañías? ¿Y qué necesidad tienen los verdaderos maestros de verse encarnados en tipos chillones, desaliñados, faltones y dispuestos incluso a retener a la presidenta madrileña en un acto, durante 40 minutos, obligando a la Policía a evacuarla?

Ya si eso otro día hablamos de la educación, aunque sugiero la lectura del informe de la OCDE sobre la educación en España, con hallazgos sorprendentes sobre las horas lectivas, las ratios reales de alumnos por clase o las retribuciones de los profesionales de la enseñanza. Una pista: ojalá en el resto de gremios pudieran decir que, en muchas cosas, están mejor que sus colegas de Europa y de los países más avanzados del mundo.

Quizá haya que reflexionar más sobre la forma de acceso al profesorado: aunque la mayoría merecen el respaldo social y los mejores recursos, es obvio que el sistema permite también la incorporación de sujetos, y de sujetas, que no valdrían ni para enseñarle a orinar a un perro en el mismo cagódromo en que sus amigos han convertido el simbólico kilómetro cero de España.

comentarios

Más de Antonio R. Naranjo

tracking

Compartir

Herramientas