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en el recuerdoAlfonso Ussía

Gratitud

Pero cada vez que Gali se siente malito y con fiebre, mira a España y no a Argelia, su principal valedor. En España tiene graves asuntos judiciales pendientes, pero si el «superior» lo ordena, nuestros ministros se zambullen en la delincuencia

Emocionante y muy de resaltar el sentido del agradecimiento de Brahim Gali, el jefe del Frente Polisario y gran amigo de nuestro humilde gobierno. Ahí está la que era ministra de Asuntos Exteriores, con las piernas cruzadas y negándose a responder las preguntas del juez para no perjudicar a quien le ordenó saltarse la ley y que el saharaui entrara ilegalmente en España y fuera sanado en un hospital de Logroño.

En vista de ello, Gali ha declarado que España navega entre la irresponsabilidad y la traición. Y no se equivoca. Pero esa afirmación nos pertenece a los españoles, que vamos a la deriva por la irresponsabilidad y la traición del gobierno que le ha salvado la vida. El simpático berebere puede llevar a una exministra, y a más de uno de los altos cargos de Asuntos Exteriores a hospedarse durante un tiempo en la cárcel.

Gali llegó a España falseando todos sus datos, dotándose de un DNI con menos valor que un cromo de Isco que le proporcionó la exministra por orden de un superior. ¿Qué tipo de «superior» puede ordenar que cometa un delito la ministra de Asuntos Exteriores? Por más que indago, sólo se me ocurre uno. El presidente del gobierno. Por aquella clamorosa infracción de la ley, Mohamed VI organizó el asalto de Ceuta de miles de obedientes marroquíes.

Por saltarse la ley en beneficio del saharaui, España y Marruecos a un paso estuvieron de romper relaciones diplomáticas. Y en Rabat se aventuró un ataque armado contra Ceuta, Melilla, las islas Chafarinas, los peñones de Alhucemas, Vélez y la Gomera y la isla Perejil, la de las cabras. Y todo eso por permitir la entrada clandestina del pájaro saharaui para que la Sanidad española le salvara la vida en un hospital de Logroño. Y en sus primeras palabras después de tan desagradables acontecimientos nos pone a parir y a caer de un burro. Gali, puedo asegurarlo, no está bien educado. Hasta un Orix o un fennec del desierto habrían reaccionado con más generosidad agradecida a este Gobierno de España que delinquió permitiendo su entrada y cuidando con esmero su salud a costa de los contribuyentes españoles.

Brahim Gali es un tipo peligroso. Muchos países le acusan de genocida. El Frente Polisario –Por la Liberación del Sáhara y Río de Oro– no está de acuerdo con los tratados hispano-marroquíes ni con las tibias y gamberras resoluciones de las Naciones Unidas, esa pandilla de golfos. Pero cada vez que Gali se siente malito y con fiebre, mira a España y no a Argelia, su principal valedor. En España tiene graves asuntos judiciales pendientes, pero si el «superior» lo ordena, nuestros ministros se zambullen en la delincuencia. Recuerden el papelón del gran aficionado a los puticlubs Ábalos con la vicepresidenta ladrona de Venezuela. Ni Ábalos ni la pobre Laya son aún ministros, pero mantienen sus reverencias al Jefe Superior. Y la segunda está contra las cuerdas.

Pero si Gali se pone de nuevo febril y achacoso, una vez más haremos el ridículo internacional. Se violentarán los protocolos estrictos de fronteras, se intentará involucrar en la farsa a las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil y la Policía. Y si no en Logroño, que están hasta el moño de Gali, Gali será curado en cualquier hospital público o privado de España.

También Marlaska es responsable, pero este hombre, bueno, este individuo, tiene la piel más resbaladiza que una serpiente de cascabel, y siempre termina por escapar de las suaves garras de la dimisión, el cese o la Justicia.

Por mí, que a Gali lo cuiden los suyos, le paguen los gastos los suyos, y en el futuro, lo entierren los suyos. Que por salvarlo, metan a medio gobierno en la cárcel no es serio. Sí divertido, pero no serio.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 15 de octubre de 2021
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