Imagen del actual cuartel de la Guardia Civil en Toledo
Uno de los guardias civiles desahuciados del cuartel de Toledo: «Ha sido lo más duro que he vivido en 20 años de servicio»
El 12 de febrero de 2025 fue la fecha tope que dieron a 75 familias para desalojar la casa cuartel de la comandancia de la Guardia Civil en Toledo. En apenas 20 días, todos estos hogares tenían que ser desmantelados para empezar a derribar los edificios que habían sido testigos de sus vidas los últimos años.
Uno de los afectados, que prefiere no desvelar su identidad, relata a El Debate cómo fue aquel «desahucio» que Alberto Núñez Feijóo denunció el pasado viernes en un acto en la capital manchega. «Ha sido lo más duro que he vivido en 20 años de servicio», resume.
Este damnificado recaló en Toledo tras varios años de dar tumbos por España. Ahí se asentó y durante seis felices años sus dos hijos crecieron entre esas paredes, con los hijos de sus compañeros, y su esposa encontró un trabajo fijo en la ciudad. Convirtieron la casa cuartel de Toledo en un hogar que les brindó estabilidad y seguridad. Tanto es así que sus planes pasaban por jubilarse ahí. Pero no pudo ser.
Aunque confiesa que las habladurías sobre el cambio de ubicación del cuartel llevaban años circulando -lea aquí la cronología completa de lo sucedido-, era algo que nunca terminaba de materializarse. Sin embargo, «de un día para otro», decidieron que varios de los pabellones eran ya impracticables y les dieron de plazo poco más de dos semanas para irse y comenzar las demoliciones.
«No había grietas, ni daños estructurales, ni nada. Podrían habernos dado hasta que terminara al menos el curso escolar, pero nada», lamenta este guardia civil que rememora cómo, una vez les dieron la noticia, esta corrió como la pólvora y en cuestión de horas los alquileres en la zona habían subido de precio.
«Nos vendieron humo de que iban a darnos soluciones, pero al final las soluciones eran que llamaban a una inmobiliaria con los precios de mercado. Yo tengo hipoteca, dos hijos y no podía pagar 800 euros de alquiler», cuenta.
Ante esa situación, la familia tuvo que separarse temporalmente; su mujer perdió el trabajo que tenía y atravesaron entonces «la peor experiencia desde que ingresé en la Guardia Civil». Finalmente, consiguió otro destino, que no le convence, pero descarta de lleno pedir el traslado a Toledo cuando finalicen las obras.
Para empezar, asegura que no se van a cumplir los plazos de dos o tres años para que aquello esté listo. «Se tiró deprisa y corriendo y lo único que se ha construido de momento son dos aparcamientos», señala. En este sentido, cabe recordar que el alcalde de Toledo, Carlos Velázquez, exigió hace escasos días al Gobierno de Pedro Sánchez una respuesta inmediata sobre el futuro del cuartel y fijar una fecha concreta para el inicio de las obras de reconstrucción.
Además, este guardia civil lamenta que el ambiente en el cuartel, donde permanecen unas 90 familias, se ha estropeado mucho por esta situación, hasta el punto de que ahora mismo la comandancia de Toledo es «un destino de castigo». «Hay gente que lleva ahí 30 años y se pregunta qué hace, a dónde se va, no es capaz de pasar página», agrega.
Pero los más perjudicados de todos, asevera, han sido los niños. «Muchos han tenido que ir al psicólogo. Han tenido pesadillas, insomnio, no entendían lo que pasaba», cuenta en un punto en el que se le quiebra la voz. Y es que los menores disfrutaban en ese cuartel de un patio interior con vigilancia donde podían jugar entre ellos, donde los mayores cuidaban de los pequeños y existía un auténtico clima de comunidad y familia que ha saltado por los aires.
«El proyecto de vida que teníamos se truncó», recapitula. «Después de muchos años de servicio y sacrificio, decides quedarte en un lugar, por el bien de la familia, y sucede esto...», concluye, apesadumbrado, al echar la vista atrás.