Periodismo culto
Que una periodista se olvide de los acentos, los signos de interrogación y use mal las conjunciones no tiene importancia. Muchos hacen lo mismo. Pero lo de la 'Exclavitud' supera cualquier análisis pesimista
El periodismo ha dado a la literatura grandes autores. Su relación es copiosa, caudalosa e indiscutible. Y también, no literatos, han ejercido la profesión periodistas admirables que han estado en todos los frentes habidos y por haber. Frentes profesionales e ideológicos, como la eximia Rosa Villacastín. Conocí a Rosa cuando desempeñaba su labor en la jefatura de prensa del presidente de Alianza Popular, don Manuel Fraga Iribarne. A don Manuel le sucedía lo que describió su amigo Pío Cabanillas Gallas, listísimo. «A Manolo le entra en la cabeza todo el Estado, pero ni una letra más». Fraga era culto, inteligente y honesto a carta cabal, pero no conocía a la gente. Su candidato para alcanzar la alcaldía de Madrid contra el Viejo Profesor, fue Jorge Verstrynge. Y para su sustitución en AP, Isabel Tocino.
No acertaba con las personas. Ni en determinadas decisiones. Se aproximaba el referéndum de la OTAN y Fraga, influido por sus socios de PDP, Alzaga y Rupérez, propuso la abstención o el voto en blanco. Ahí terminó don Manuel. La Internacional Conservadora decidió retirarle su apoyo, y el refundado Partido Popular lo mandó a Galicia, donde fue un gran presidente de la Junta, con carácter comarcal y autonómico, que no nacional. Escribí un artículo criticando la incoherencia. Que el conservadurismo español aconsejara la abstención o el voto en blanco en el referéndum para el ingreso o no de España en la OTAN, chirriaba mucho. Y Fraga, por medio de Rosa Villacastín, me invitó a comer en un reservado del Nuevo Club, en la calle Cedaceros, templo de la gastronomía madrileña. «El jefe está muy molesto con tu artículo», me informó la joven Rosa cuando subíamos al comedor. Y estaba tan bueno el cocido que Fraga no me comió.
Con anterioridad, la sagaz periodista había coqueteado con Suárez y UCD. Y después de Fraga, se decantó por el PSOE de Felipe González. Ahora es una gran batalladora del sanchismo, es decir, del socialcomunismo-podemita, como Fernando Ónega, el jefe de prensa de la Guardia de Franco y colaborador de Arriba. Para mí, que esa facilidad para la promiscuidad ideológica se la contagió su, en aquellos años, marido o compañero sentimental, el periodista del Grupo Correo Miguel Larrea, que era muy transversal, como su empresa. El grupo vasco compró el diario Ya –el que tenía más publicidad de anuncios por palabras de Occidente–, y a los pocos meses el Ya se cerró. Aquel Larrea era hombre de culo inquieto y cambiante, y le escribí un epigrama que le sentó fatal.
¿Dónde está Miguel Larrea
Que anda siempre de trajín?
Pues un día en El Correo,
El otro en Ajuria Enea
Y siempre en Villacastín.
Pero Rosa, con esto del sanchismo, ha descendido en el primor literario. No por sus ideas, sino por su dejadez y abandonado respeto a la ortografía. Por eso ha sido más periodista de hablar que de escribir. Ahora le ha dado por atizar a Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, objetivo permanente de la extrema izquierda. Y le escribe en las redes sociales mensajes furibundos. El último, insuperable: «Por Dios no hay QUE le mande callar!!! La prostitucion (sin tilde) Idiazayuso, no es un trabajo cualquiera, es Exclavitud. Has leído bien, te lo repito: Exclavitud física y mental». No sólo lo ha leído bien Isabel Ayuso. Lo han leído millones de personas. Que una periodista se olvide de los acentos, los signos de interrogación y use mal las conjunciones no tiene importancia. Muchos hacen lo mismo. Pero lo de la Exclavitud supera cualquier análisis pesimista. Si después de cuarenta años en el periodismo escribe Exclavitud y no esclavitud, se entiende a la perfección en donde está, a qué se dedica y hasta qué pozo intelectual ha bajado.
Venga, Rosa. A leer un poco y recuperar la ortografía.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 21 de octubre de 2021