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VertebralMariona Gumpert

No estamos para remilgos

Ni para remilgos ni para docilidades ante cada nueva tropelía. Este gobierno tiene muchos muertos a sus espaldas. No hablo sólo de las víctimas de la dana o de sucesos ferroviarios, sino de la agonizante sanidad pública, la educación destrozada o de la total imposibilidad de acceder a una vivienda

Gracias. Gracias al PP y a VOX por haber llegado a un acuerdo en lo que respecta al Senado. Tienen por delante una campaña de pedagogía hacia los votantes de cada circunscripción. No será un obstáculo grande, gracias a las redes sociales –WhatsApp es una de ellas– y a lo sencillo que es hacer pictogramas explicativos con IA. Lo que sí podría resultar un problema es el votante exquisito del «contigo no, bicho», donde «bicho» puede ser reemplazado tanto por el PP como por Vox.

Esta toma de postura, por supuesto, es respetable y a ella puede llegar cualquier ciudadano desde su propio criterio. Yo misma voté en blanco durante la primera década tras alcanzar la mayoría de edad, convencida de que me incomodaría cada decisión del PP que no compartiera. Era un poco boba y las circunstancias distintas. Se empezaba a sembrar el mal que hoy cosechamos, pero no parecía tan evidente entonces. O no tan grave.

La situación ahora, más que grave, es terminal. Necesitamos un reseteo que de momento parece imposible, pues no se trataría sólo de obtener la mayoría de no-izquierda necesaria para hacer reformas de gran calado sino de que el PP quisiera emprenderlas. Y, en caso de que nos sorprendiera –es decir, en caso de que Vox ejerciera presión suficiente– sabemos todos qué ocurriría: multitudes asaltando el Congreso, huelgas generales, disturbios callejeros donde el asalto a comercios y la quema de coches y mobiliario urbano serían el pan nuestro de cada día. ¿O iba la izquierda a aceptar los cambios con la misma docilidad con la que la derecha hemos tragado toda clase de tropelías durante ocho años?

Así pues, aunque el PP no sea santo de mi devoción, en las próximas elecciones escogeré a dos de sus senadores. En Navarra, Vox sólo presenta una candidata. Esas serán mis tres elecciones. ¿Significa eso que me siento representada por Vox? No. El único partido que podría representarme sería el que yo misma fundara, un partido compuesto únicamente por una persona: servidora. En el momento en que entrara otra persona tendría que pactar y ceder con ella sobre qué cosas consideramos importantes. Excepto si mi compañero de partido fuera mi marido, que me diría a todo «sí, cariño». Obvio, como dicen los jóvenes.

Quizá ha llegado el momento de recordar que, incluso en circunstancias normales, un partido político es sólo un grupo de personas que comparten una serie de ideas generales sobre lo que necesita su país. Cuando se habla de que un partido ilusiona no puedo evitar estremecerme. A mí lo que me hace ilusión es que volveré a ser tía en febrero, si Dios quiere. Mis sentimientos respecto de estas elecciones se reducen al miedo a que repita Sánchez en Moncloa. Sí, miedo. Lo consiguieron: el miedo cambió de bando. No es que la derecha tuviera atemorizada a la gente de izquierdas cuando gobernó, se entiende. Pero sí, siento verdadero terror. Lo extraño sería no tenerlo.

No tener miedo a que los accidentes mortales de tren sigan produciéndose sería raro. No tener miedo a un gobierno que cambia la composición del demos de un país –vía ley de nietos, vía inmigración desbocada– sería raro. No tener miedo a un gobierno con este grado de corrupción sería raro. No tener miedo de un gobierno que culpa de todo a la extrema derecha, ¡y le funciona!, sería raro. Y también lo sería no temer a un gobierno que coloniza instituciones, que encarga ejecuciones de jueces, sometido a Marruecos, relacionado íntimamente con narcoestados y dictaduras varias. Y, bajo esta perspectiva, lo que a un votante del PP le pueda parecer Vox y viceversa debería resultar pecatta minuta.

No estamos para remilgos sabiendo lo que tenemos enfrente. Ni para remilgos ni para docilidades ante cada nueva tropelía. Este gobierno tiene muchos muertos a sus espaldas. No hablo sólo de las víctimas de la dana o de sucesos ferroviarios, sino de la agonizante sanidad pública, la educación destrozada o de la total imposibilidad de acceder a una vivienda. De la destrucción del censo, del demos, de nuestras instituciones. Vayan a votar. Todos. Ya habrá tiempo después de fiscalizar a PP y a Vox. A ultranza, es lo que toca. Pero ahora, por favor, voten.

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