¡Bailad, malditos, bailad!
Baila, Sánchez, baila. Baila, Puente, baila. Bailad amarraditos los dos. Como hacía anteayer tu sayón con un bufón bien pagado, con el que danzaba y reía para la televisión, por los muertos de Adamuz hace diez meses. Como haríais cuando penséis que a los de Urda, de ayer, ya los hemos olvidado
Bailad haciendo un trío con Marlaska por 140 ahogados en Ceuta y los 100.000 invasores, de los cuales 15.000 siguen allí, estrangulando la ciudad. Bailad al resplandor de las llamas del akelarre de Bilbao, encendidas por los cachorros de los asesinos a quienes, primero vuestro «referente moral», el del saco de joyas, blanqueó por «su» Constitucional y luego vosotros habéis beatificado y permitido que los saquen en alegre procesión para que ellos bailen también sobre la memoria y las tumbas de quienes mataron. Que se una aquí al corro Patxi López, y que lleve el féretro también ahora de alguna víctima, como lo hizo con el de su compañero Joseba Pagazaurtundua para luego traicionar su memoria y helar la sangre de tantos inocentes, como predijo su madre entonces que iba a hacer.
Bailad y seguid bailando mientras aguante la orquesta y que los coros y palmeros los dirija la fan más desatada del Gran Bailador, María Jesús Montero, que seguro tendrá también ahora paisanos por los que asistir al funeral. Bailad todos. Todos cuantos se han convertido en tu banda gubernamental y han formado la secta embadurnada en corrupción y mentiras desde las cejas al carcañal. ¡Bailad, malditos, bailad!
Y no me da la gana de acatar la consigna de silencio que, so pena de llamarnos carroñeros, nos quieren imponer; dicen que por respeto a las víctimas cuando en realidad esos voceros han acudido a escape y desalados, y antes que las ambulancias, al rescate, no de los heridos, sino del Gobierno que los apesebra tan bien.
Por respeto a los muertos ante esta nueva tragedia mortal en la red ferroviaria y en su memoria, es por lo que no podemos callar y sí exigir de inmediato la responsabilidad que no se asumió en Ademuz y que ya ahora y de inmediato se quiere escamotear. Y ya no vale ni una dimisión. Hay que ir más hondo y más allá.
Dijo entonces el Sayón y Cachicán mayor del cortijo sanchista , ahora ni siquiera eso, que «asumía» la responsabilidad, lo que en su jerga significa alejarla de una coz y a la vista está en qué ha quedado tal asunción.
En esta ocasión solo ha salido para cargarle los muertos, antes de que se acabaran siquiera de contar, siquiera a un fallo humano y personal aunque la evidencia total es que el detonante primero y causa originaria de la catástrofe, como la vez anterior, fue la falta crónica de mantenimiento y renovación que provocó el colapso del sistema de seguridad. Y preguntado por su dimisión vino a decir que no había pensado siquiera en ello, porque no era cosa de pensar en él y sus cosas, pero que se sentía muy mal.
Lo que sentimos los demás es que verlo dimitido nos da ya un poco igual, y que donde lo queremos ver es en el banquillo de los acusados.