Al sanchismo se le han pinchado las cuatro ruedas y la de repuesto
Y para colmo de males el Rey los ha dejado con todas las vergüenzas al aire y tras fajarse para conseguir poder viajar a Ceuta y Melilla, el ha llevado cercanía, apoyo y esperanza y quien ha quedado como en Paiporta, aunque no haya ni asomado la jeta en estos dos días ha sido el galgo
La calle de Sánchez no es la calle que quieren los españoles. La suya es la de los okupas y los kale borroka de todos los pelajes que invaden los espacios comunes, les expropian sus plazas y les arruinan sus comercios. Son las gentes del común, las de a pie, a las que se despoja de sus derechos con el beneplácito de quienes tienen el deber de defenderlos pero pesan más las órdenes del sátrapa encastillado ahora en Moncloa. Las calles de Sánchez no son las calles de la España que las quiere en paz y por las que poder pasear con seguridad. Él las quiere ver incendiadas. El resultado: quien ya no puede ni pisarlas es él.
Las viviendas de Sánchez, por millones prometidas en sus 8 años en el poder, son espectros fantasmales de los que no ha tomado cuerpo ni un ladrillo, ni una teja ni una pared. Lo único que ha logrado cuajar, y haciendo trampas, han sido unos sofocados y atolondrados decretazos abortados en el pleno del Congreso de los Diputados, que desenterrados como zombis no van a dar vida a piso alguno, pero sí muerte a mansalva a todo el que pudiera salir en alquiler. Y por si no fuera suficiente su impostura la farsa les estalla en la misma boca de su portavoz, la ínclita Montse, quien tras haber calificado de buitre al casero de Maricarmen, mártir ya beatificada del santoral sanchista, resulta que su propia pareja es de los pajarracos de mayor envergadura de la bandada carroñera, con 30 pisos, desahucios varios en su haber y un par de cuentas por Panamá. Las desgracias, encima, nunca vienen solas y a nada se añade a la parva de pisotenientes sanchistas la candidata por Granada con 19, empatada con el Wyoming, y seguida de una recua de prebostes socialistas del partido y honoríficamente cerrada la lista por la procesada Begoña Gómez, la augusta esposa del supremo líder, que obtiene unos buenos cuartos de la herencia inmobiliaria de su señor padre amasada en sus negocios de prostitución. Todo ello un esplendoroso ejemplo de ética socialista.
Los sindicatos de Sánchez no son aquellos obreros que un día dirigieran Camacho y Redondo sino unos burócratas a los que arrima 32 millones de euros al año para que no le hagan huelga alguna y sí se la monten, cuando se ve con la urna al cuello, a la oposición, abanderados por un presunto «sindicato de inquilinas» que lo único que podrían parar ese día sería de teclear en el móvil. Será una huelga rara, rara, pero también muy curiosa: será el único día que trabajen las decenas de miles de liberados, que han hecho de serlo su bien pagada profesión de sindicalistas de oficio cuyo espejo es el mandamás de UGT que lleva en ese pesebre desde hace cuarenta años o más. Lo que los millones de trabajadores españoles, que la hincan cada día, será digno de verse pero ese día de noviembre apunta seriamente al esperpento.
La rueda de repuesto del sanchismo, la 5, era la de los votos pastoreados desde el otro lado del mar océano. Pero se les ha roto el palo por inflar demasiado las velas. Nadie les niega a los hijos y nietos de los exiliados a consecuencia de la guerra y postguerra civiles. Esos tienen tal y muy respetable derecho. Pero no lo tenían aquellos a quienes se les otorgó quien se los otorgó con una tramposa y chapucera «instrucción» para colarlos de matute, darles nacionalidad y voto sin tener derecho alguno a ello y adulterar con ello el censo y si podían también los resultados electorales. El doble sartenazo, avalado, 5 a 1, por la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo ha reventado el puchero.
Era tan zafia la cosa y la adscripción a los censos de los pueblos, alguno ni siquiera existía cuando los presuntos abuelos salieron de ellos. Tan obscena, que ni siquiera Conde-Pumpido parece que se vaya a atrever a arrastrar la toga por semejante lodazal tras tenerla ya llena de lamparones de amnistía a la carta ofrecida en bandeja de plata a Puigdemont.
Menudo inicio de remontada están teniendo. Van como un tiro, desde luego, pero donde están dando las balas, eso no lo superan ni los mejores especialistas de la derecha en el fabuloso arte de meter la pata. Ha pasado apenas una semana y el vehículo lanzadera tiene todas las ruedas pinchadas y alguna con reventón lagartero. Porque estos eran los ejes que Sánchez había escogido para intentar volvérsela a colar a los españoles y muy bien no parece que les haya salido. Y para colmo de males, el Rey los ha dejado con todas las vergüenzas al aire y, tras fajarse para conseguir poder viajar a Ceuta y Melilla, él ha llevado cercanía, apoyo y esperanza y quien ha quedado como en Paiporta, aunque no haya ni asomado la jeta en estos dos días ha sido el galgo.