Fundado en 1910
Vidas ejemplaresLuis Ventoso

El partido del amor es el partido del horror

Incompetentes, con tres años sin Presupuestos y una deplorable gestión, y desalmados, sin calidad humana ante las tragedias que provoca su negligencia

Lo primero, una oración por el eterno descanso de los muertos en la atroz catástrofe ferroviaria de Urda. En otros países más avanzados e importantes que el nuestro no faltaría esa referencia espiritual en las bocas de los principales personajes de la vida pública. Aquí ni un solo líder político ha recordado a las víctimas con una mínima alusión al alma inmortal de esas personas, que no llegaron de vuelta a sus casas, pero que ya están en la de Dios.

Lo segundo es denunciar que tenemos un gobierno de incompetentes y desalmados. Una formación que en esta campaña se presenta con cursilería como «el partido del amor» es en realidad el partido del horror. Gente que no hace su trabajo, pero que además cuando su torpeza provoca horribles desgracias se dedica a escurrir el bulto, con una lacerante ausencia de compasión por las víctimas.

No me gustan los epítetos ni los descalificativos fuertes en los artículos, los evito. Pero existen ocasiones que requieren una excepción: Óscar Puente es un imbécil con todas las letras. La semana pasada bromeaba sobre los fallos de Renfe en el anuncio de promoción de un programa cómico de La Sexta. Hay que tener el cerebro de un grillo y muy mala entraña para hacer eso, dado que sobre su conciencia pendían los 46 muertos de Adamuz (a cuyas familias ha tratado además de manera displicente y hasta grosera).

Este tipo se dedica a tuitear afrentas mientras su ministerio, crucial en nuestras vidas diarias, gestiona de manera harto deficiente (ahí está el espantoso balance). Basta con ver el comatoso estado del firme de las autovías públicas para deducir que el tren en España era –y es– una bomba de relojería. Han convertido la alta velocidad, que era el orgullo de España, en su tragedia y vergüenza, por la falta de inversión y por una liberalización atolondrada de la circulación por las vías.

Por supuesto Puente rechaza dimitir. En su comparecencia de ayer incluso mantuvo su tono altanero habitual, en lugar de aquella vocecilla humilde, casi mendicante, que fingía tras Adamuz. Al haber conservado su puesto después del brutal accidente anterior cree que aquí ya vale todo. La presunta angustia y la farsa técnica han desaparecido. Hasta se permitió abroncar a los periodistas en la rueda de prensa (donde como siempre las preguntas dejaron mucho que desear en su mordiente). No hay que darle vueltas: la razón última de dos espantosos accidentes ferroviarios en solo nueve meses es un gobierno que no hace su trabajo.

-Un país puntero como España no puede estar tres años sin Presupuestos, porque eso afecta al mantenimiento de todo tipo de servicios públicos, con consecuencias letales, que ahí están.

-Un país como España no puede recibir fondos europeos para renovar los sistemas de seguridad del AVE, que en esa línea databan de 1992, y no acabar la obra rápidamente solo porque el gobierno no sabe gestionar y está dedicado a la propaganda y la ingeniería social.

-Un país como España no puede estar en manos de un presidente impostor, dedicado solo a sus trampas electorales y a intentar sobrevivir frente a sus escandalosos casos de corrupción.

-Un país como España no puede estar dirigido por personas sin la más mínima compasión, que despiden a los muertos con ceremonias vacías de aire new age y desatienden a las víctimas.

-Un país como España no puede tener un presidente que realiza como mucho una visita exprés y encapsulada a los lugares de los hechos, escondiéndose para que no lo insulten (lo que acaba sucediendo a pesar de su blindaje dictatorial).

Lo que va a ocurrir ahora está claro. La estrategia ya ha sido definida desde el minuto uno: estamos ante un error humano, y punto. Pues no. El error sería en todo caso el final de una cadena, pues sin una avería previa del sistema de seguridad no habría llegado.

En unos días veremos el segundo paso: las terminales de Moncloa, el Sánchez mitinero y los ministros más embestidores acusarán a «la derecha y la ultraderecha» de «no respetar ni a las víctimas y utilizar el dolor del accidente para su campaña». ¡Y habrá votantes irredentos de su parroquia que se lo compren!

Adamuz y Urda son el retrato dantesco y dolorosísimo de lo que ocurre cuando se tiene un gobierno que en realidad es un peligro público.

El 29-N debe ser el día de la liberación. Hay que echarlos para volver a vivir un país seguro y esperanzado.

comentarios

Últimas opiniones

tracking

Compartir

Herramientas