Cursillo básico de democracia para la alcaldesa Rey
No se puede negar a los adversarios políticos su libertad de expresión, ni dar por buenas manifestaciones que tratan de cercenarla
Colean todavía los ecos de los altercados en la usualmente plácida y encantadora ciudad de La Coruña, provocados por una manifestación radical de la izquierda y el separatismo contra un pequeño acto de Santiago Abascal en la plaza de María Pita.
Es necesario volver al asunto, porque las reflexiones que ha hecho a posteriori la alcaldesa socialista de la ciudad, Inés Rey –de 44 años, licenciada en Derecho y madre de dos hijos–, acreditan que la regidora no tiene ni flores de cómo funciona la democracia liberal. Su argumentación refleja la escora del PSOE sanchista hacia unos planteamientos de matriz autoritaria.
Antes de que se celebrase la manifestación contra el acto de Vox, la alcaldesa vino a animarla con estas desafortunadas palabras: «Esta ciudad ha sido siempre un bastión contra el fascismo y un muro contra los que vienen a recortar conquistas sociales». Luego estallaron los disturbios, con violencia desatada por la mañana y por la noche. El genio del mal se le había escapado de la lámpara a la alcaldesa, que tuvo que rectificar y condenar la violencia, remarcando que «nunca es el camino».
Pero es muy revelador el modo en que Rey inicia su disertación condenatoria de los violentos: «Había un acto de Vox, no sé si doscientos o así, caben en un microbús, porque ellos lo que buscan es provocar, lo hacen en Coruña y lo han hecho en otras localidades. Y había una manifestación pacífica, convocada por distintas organizaciones, sindicatos y demás, todo correcto, para protestar contra el fascismo. Hasta aquí, todo normal», explicó Rey, con una oratoria embarullada y un soniquete choni que no están muy a la altura de la alcaldesa de una ciudad de la categoría de la suya.
Esas frases suponen un disparate político y son profundamente antidemocráticas, por tres motivos. En primer lugar, la alcaldesa está negando su libertad de expresión a un partido perfectamente legal. No deben hablar en público porque «vienen a provocar». O sea, si no eres de izquierdas o nacionalista, eres un provocador y debes callarte y largarte.
En segundo lugar, se vuelve a equivocar Rey cuando dice que es «normal» que se organice una manifestación contra el acto de Abascal. No, señora Rey, esa manifestación no fue algo «normal», pues su meta declarada era cercenar la libertad de expresión ajena. Se trataba de impedir por la fuerza que un partido pudiese ejercer sus legítimas libertades con tranquilidad.
Su tercer gambazo llega cuando explica que se trataba de frenar «al fascismo». Aquí Rey refleja que pasó por la universidad, pero que la universidad no pasó por ella. Vox no es un partido fascista. El fascismo rechaza de plano la democracia liberal, defiende el mando dictatorial de un hombre fuerte y apoya el uso de la violencia como arma política. Vox no comparte nada de eso (el PSOE sanchista me temo que sí empieza a hacerlo). El de Abascal es un partido españolista de derecha contundente, que se opone con firmeza al separatismo y al modo de ver el mundo de la izquierda, y que defiende el orden en el control de las fronteras y de la inmigración.
Supone una hipocresía notable que la alcaldesa socialista se ponga tan estupenda con Vox, toda vez que su PSOE ha formado una «coalición progresista» –Sánchez dixit– con los partidos separatistas xenófobos del golpe de 2017 y con el de ETA. Por no hablar de que ella misma, segunda tras el PP en las últimas municipales, debe su sillón del Palacio de María Pita a una alianza con el BNG, partido dirigido con mano de hierro por la UPG, la última reliquia marxista-leninista que queda en Europa occidental.
Además de intentar arreglar las cuentas municipales, pues tiene al Ayuntamiento –«concello», que lo llama ella– semiquebrado, y de tratar de hacer algo de valor, más allá de tirarse tres años para ensanchar unas aceras, Rey podría aprender un poco sobre derechos y libertades. Podría estudiar a la Escuela de Salamanca, al gran jurista Edward Coke, a John Stuart Mill y Edmund Burke, a Montesquieu y Tocqueville, e incluso empaparse de la gran tradición liberal de su propia ciudad. Es decir, debería ponerse un poco al día en nociones básicas de democracia. Su lamentable dialéctica ante los disturbios de esta semana refleja una empanada sanchista importante. Ha acreditado que no acepta el derecho del adversario político a pensar y hablar con libertad (o ni siquiera a existir).
Huelga decir que si mañana un personaje tan deplorable como Otegui, terrorista dos veces condenado y que nunca ha pedido perdón, un tenaz separatista antiespañol, apareciese a dar un mitin en María Pita, Inés sonreiría desde el balcón del «concello», daría la bienvenida al «hombre de paz» y no habría un solo incidente en La Coruña.
Así de averiada está hoy la brújula moral del PSOE.