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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

El malvado Bambi

«Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho» se habría convertido, según la Fiscalía, en que ser socialista es trincar regalos millonarios a Presidencia y llevártelos para casa

Lo que al principio parecía una hipérbole puede acabar convirtiéndose en una realidad: ¿nuestro primer presidente con pijama de rayas y catando el rancho penitenciario?

José Luis Ábalos, ex mano derecha de Sánchez y hombre fuerte en las calderas de Ferraz, podría terminar compartiendo patio de recreo con su tocayo Zapatero, expresidente del Gobierno y jovial mascota del PSOE sanchista. La Fiscalía pide que Rodríguez sea imputado por malversación de caudales públicos, con una pena que podría oscilar entre los cuatro y los ocho años de cárcel.

Lo más impactante de la historia es que acusan al poético contador de nubes de una chorizada propia de un ratero cutre: apropiarse con toda la jeta de un regalo de Estado recibido en calidad de presidente del Gobierno.

Si lo que apunta la Fiscalía se acaba probando, Zapatero habría recibido los joyones del monarca saudí, pero, en lugar de entregarlos a Patrimonio Nacional y declararlos a Hacienda, prefirió llevárselos y esconderlos en su caja fuerte. Tendremos que ir retocando el libro de oro de las Grandes Citas del Progresismo. Donde decía que «ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho», ahora habrá que escribir: «Ser del PSOE es trincar lo que no es tuyo y llevártelo crudo con la más afable sonrisa».

Poner motes es todo un arte. Pero con Zapatero erraron con su apodo. Cuando llegó a las altas esferas lo motejaron Bambi, pues con sus ojos glaucos, su grata voz de barítono y su sonrisa entre bondadosa e ilusa a muchos les recordaba al tierno e inocentón cervatillo de Disney. Error. Andando el tiempo hemos descubierto que el personaje de más fantasía con que comparte más similitudes es el viscoso Gollum de El Señor de los Anillos, una figura destrozada por su avaricia y sus obsesiones enfermizas.

Zapatero presenta las dos cualidades del viejo Gollum de Tolkien. Una obsesión enfermiza, que en su caso ha sido la de reescribir la historia de la España del siglo XX, dándole la vuelta al resultado de la Guerra Civil para intentar instaurar un gobierno perpetuo de la izquierda. Y una codicia compulsiva, que lo ha convertido en un turbio conseguidor (o directamente en un mangui, si se confirma la tesis de la Fiscalía).

Zapatero ha hecho doblete: ha resultado un desastre como político y también en el plano personal. De todas sus andanzas, la más llamativa para el gran público es su mano larga con el parné. Pero no es la más grave. Lo peor de su trayectoria es que destrozó los pactos no escritos de nuestro modelo político para establecer una alianza del PSOE con los separatistas catalanes y el partido de ETA. Zapatero abrió así la profunda fisura institucional, que Sánchez convertiría en el boquete que amenaza la propia democracia y los hilvanes de la nación.

Como pícaro, Zapatero ha resultado de lo más desenvuelto. Negaba las evidencias de modo enfático, fingiendo profunda irritación. Cuando Alejandro Entrambasaguas destapó en El Debate sus citas secretas en El Pardo con su nervioso testaferro Julito, el expresidente pretextó que iban allí a hacer deporte. De ser cierto, sería el primer caso de la historia en que un deportista sale a trotar con unos mocasines Sebago. Cuando se empezó a hablar del precio de sus joyones, envió a su entonces portavoz, Luis Arroyo, el bronco presidente del Ateneo, a pregonar por las televisiones que el botín de zafiros, rubíes y esmeraldas no superaba los 30.000 euros. El peritaje de dos firmas de joyería ha elevado la cifra a 1,3 millones (y después de aquel bochorno ahí sigue Arroyo, dando lecciones como tertuliano en esa televisión pública de partido que nos obligan a pagar).

En cualquier país con una vida política normal, un escándalo como el de la petición de la Fiscalía contra Zapatero habría roto la precampaña y dejado al PSOE al borde del KO. Aquí será una nota más en medio del ruido de una liza que la izquierda ha planteado como una «lucha contra el fascismo», al que hay que combatir incluso con violencia en la calle. El PSOE y sus socios han inventado el «antifascismo» de técnicas fascistas.

José Luis, me temo que faltan cinco minutos para que tu gran amigo Pedro sufra un ataque súbito de amnesia –«en lo personal realmente no lo conocía»– y te borre de los mítines, donde tan graciosete resultabas cuando componías la ceja con el dedo índice. Yo que tú, me iría comprando un plumas de buen abrigo, pues cuenta Koldo, el noble y leal militante, que en Soto en invierno corre una rasca del carajo.

El final de la escapada. Como siempre, la justicia es lenta, pero un día llama a la puerta.

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