Quien viene es la ultraizquierda
La violencia ulraizquierdista rompe otro relato de la izquierda
Otra campaña que le sale mal a Pedro Sánchez, la campaña del «que viene la ultraderecha». Llevaba varios años asegurando que había una peligrosa ultraderecha mundial que él iba a combatir, y he aquí que quien se ha presentado al mundo, y a lo grande, es la ultraizquierda. La ultraizquierda que quema Francia y que intenta replicarse en España, desde la Coruña o Avilés amenazando a Abascal o desde Madrid acosando a Ayuso. Y la ultraizquierda ha acaparado los focos mundiales precisamente en el peor momento para el socialismo español, en plena campaña electoral, cuando Pedro Sánchez quería presentarse como defensor de la democracia frente al peligro ultra, además de defensor de la vivienda frente a la élite. Y de la misma manera que Montse Mínguez le ha destrozado el relato de la vivienda, la violencia ultraizquierdista en Francia le ha machacado el relato de la ultraderecha.
La izquierda promovió la palabra ultra para demonizar a la derecha, cuando el adjetivo extremista se le había quedado pequeño. Extremista no era lo suficientemente eficaz para fomentar la alarma y el miedo ante un supuesto movimiento exaltado, antidemocrático y violento. Y se entusiasmaron con ultra, que lo han aplicado a todo, desde ultraderecha, pasando por ultraconservadores o ultrarricos hasta ultracatólicos, todo ello con la ayuda de unas universidades y un periodismo dominados por la izquierda y que llevan años contraponiendo, y sin ponerse rojos, lo que llaman izquierda a secas con lo que llaman ultraderecha.
Y lo anterior ha hecho un buen servicio a la propaganda izquierdista, pero no basta con dominar las palabras, ni siquiera con dominar todos los espacios culturales, cuando la realidad te da un brutal puñetazo en forma de destrozos, asaltos e incendios retransmitidos a todo el planeta desde Francia. Y sin capacidad siquiera entre los anteriores de enredar y desinformar sugiriendo conspiraciones, porque no hay duda de la autoría y liderazgo de la ultraizquierda en la violencia. Entre otras cosas, porque es el propio Mélenchon y su Francia Insumisa quienes llevan tiempo justificando las algaradas y culpando a la Policía. Y con el antecedente reciente del asesinato en febrero de este año del estudiante Quentin Deranque por el que están imputados varios activistas de la llamada Joven Guardia Antifascista, un grupo cercano a la Francia Insumisa.
Fue penoso leer y escuchar tras ese asesinato a los medios de izquierdas que Deranque era un «ultraderechista», lo mismo que hicieron con Charlie Kirk, o que hacían hace años con las víctimas de ETA. Ahora, esos mismos medios intentan justificar la violencia por la precariedad o la desigualdad que sufrirían los vándalos, excusa que jamás aplicarían, por supuesto, a vándalos de otras ideologías. Tiene un inquietante simbolismo que el detenido por el incendio del ayuntamiento de Limoges sea Hodei Cearra, hijo y sobrino, según medios franceses, de lo que llaman «independentistas vascos». Hodei o la conexión internacional de la ultraizquierda violenta de siempre.