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GaleanaEdurne Uriarte

El agujero patriótico de la izquierda

La izquierda ve un facha o un ultra allí donde ve la bandera nacional

El patriotismo se le atraganta a la izquierda española, y, en menor medida, también a la de otros países. A nuestra izquierda se le atraganta la patria española, se entiende, porque esa misma izquierda se entusiasma con el nacionalismo étnico vasco, catalán o gallego. De ahí lo de TVE esta semana llamando ultras a los jóvenes que se acercaron con la bandera nacional a la acampada de Sol. Cierto que ya te llaman ultra por cualquier cosa, pero una bandera nacional dispara el uso de la descalificación. Que la bandera nacional provoque tal rechazo en la izquierda da una idea del problemón que tiene con la patria.

Problemón, en primer lugar, porque implica el rechazo a la propia nación, a esa nación política llamada España y a los ciudadanos españoles que sí se identifican con su patria. El PSOE intenta arreglarlo o matizarlo de vez en cuando con repentinos mítines adornados por una gran bandera nacional, cosa que ha hecho alguna vez el propio Sánchez, pero los parches ya no tapan el agujero patriótico. Y menos aún con lo de Ceuta, con su discurso sobre la inmigración o con maniobras como la ley de nietos para manipular el censo electoral. España se difumina en la izquierda, lo que coloca crecientemente a socialistas y comunistas en conflicto con la nación política y también emocional fundada alrededor de España.

Y algo parecido pasa hasta cierto punto con la izquierda de otros países, pero con la diferencia de que en otros lugares no se les suma la enorme contradicción de los nacionalismos étnicos. Estos ocho años de gobierno de Sánchez con los comunistas y con todos los nacionalismos antiespañoles han extremado ese problema con el patriotismo. Ya es tremendo para tu pretensión de representación de España que tu primer aliado y admirador sea el independentista Gabriel Rufián, o que Bildu haya sido uno de los socios más fieles de Pedro Sánchez. Pero la contradicción más insalvable de todas es que la izquierda haya incluido en su progresismo a los nacionalismos más étnicos del planeta, a los que creen en los derechos de la raza aunque ahora lo llamen etnia, y que en nombre de tal supuesto derecho discriminan a los que se resistan a entrar en tal etnia vía el voto o la lengua. La izquierda ve un facha y un ultra allí donde ve la bandera nacional, pero un admirable progresista allí donde se exhibe la ikurriña o la senyera.

Pero no están del todo cómodos con tales contradicciones, y de ahí que intenten convencernos de que la patria es otra cosa, que, en realidad, España no es nuestra patria, sino que lo es la igualdad, o el derecho a la vivienda o el Estado del bienestar fuerte. Qué patriotismo es hacer decretos sobre vivienda o prometer subvenciones durante la campaña electoral. En otras palabras, que patriotismo no es amor y lealtad a España sino a los principios ideológicos de la izquierda. Y como no existe tal patria, ya saben, la nación se sustituye por la palabra Estado, lo nacional es estatal, y la bandera, cosa de fachas y ultras.

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